Construir protocolos y políticas públicas para la seguridad de las mujeres

Al momento de enviar la columna no teníamos datos sobre el resultado de las movilizaciones contra la violencia de las mujeres. El viernes siete se realizaron eventos oficiales o muy institucionales. No se registran en los mismos, pronunciamientos ni denuncias, fueron desayunos para lucimientos más que para compromisos.

Podemos destacar como se difundieron datos históricos de la lucha reivindicativa de la mujer, desde las sufragistas inglesas, hasta la lucha de la reivindicación laboral de las trabajadoras de Nueva York.

 Son elementos que van formando la conciencia de la mujer más allá del feminismo, para convertirse en lucha social, por el respeto sexual, mayor representatividad política, equidad y justicia económica e igualdad jurídica.

Incluso, nos parece que hubo buena argumentación de las mujeres que no se consideran menos agredidas que los hombres, lo cual se polemiza si la diferencia esta en la violencia contra las mujeres por ser mujeres, lo mismo pasa con los homosexuales con la violencia homofóbica, lo que no sucede con la violencia contra los varones. Debatir el tema es una forma de darle más consistencia a la conciencia de  ésta lucha.

En la heterogeneidad de posiciones, contenidos e interese expresados en el entorno de cada una de las manifestaciones, no se aprecian objetivos concretos, las mujeres seguramente se quedarán en su casa el día de hoy, cuando en muchas ocasiones es el espacio de la agresión y la violencia.

No hagan nada este día, escuché decirles a las mujeres, lo cual me parece confusa una protesta en que la mujer desaparece, se esfuma, deja de ser un ente social, familiar, productivo, académico, para convertirse en sombra. Deja sus espacios sociales y profesionales vacíos, cuando es allí donde se deben dar las batallas, son puntos de vista que se agregan al debate.

Las movilizaciones reivindicativas de la mujer se fortalecen y se ven en todo el mundo. En México, no se ven exigencias legislativas de avanzada, aunque  se castigará con mayor rigor la violencia contra las mujeres, aún no se aborda la violencia emocional, ni la laboral, ni  escolar, ni de salud.

En los centros escolares, según datos del INEGI, publicados este domingo en el Periódico Victoria de Durango, ha crecido en un 11% la violencia contra las estudiantes. 25% de las alumnas de 15 años han sufrido algún tipo de agresión, sobre todo de tipo sexual. 

Las consecuencias de las agresiones a estudiantes, dice el estudio, son: Malos resultados, es decir, bajan los niveles de aprendizaje. Aumenta la deserción escolar, las niñas agredidas no construyen futuro, entran en fuertes depresiones, esto las lleva a la autoagresión y hasta al suicidio. Lo más fuerte es que se embaracen y terminen rechazadas hasta de sus hogares, la vida les cambia de manera dramática sin estar preparadas para ello.

Exigir protocolos de seguridad es una tarea inmediata. No entendemos como se unen las universidades al paro y no proponen protocolos, cuando la principal agresión a las estudiantes es por maestros y estudiantes. Esperemos que la lucha de las mujeres vaya más allá, para construir protocolos y  políticas públicas de seguridad y protección. O no.

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