Mariano Cervantes

Contrapunto

Riesgo social por meningitis

Mariano Cervantes

El problema de contagios de meningitis es en primer término u asunto médico, la necesidad es proteger y salvar a quienes resultaron contagiados y cuyo tratamiento se anticipa lento y con altas probabilidades de resultado adverso; pero el asunto implica otros conflictos y uno al que se le está dedicando especial atención es al de tipo social que se puede convertir en político.

La prioridad sí, es garantizar los estudios, medicamentos, servicios hospitalarios y todo lo necesario para tratar de salvar a quienes han enfermado, cueste lo que cueste se ha dicho, y no es para menos. No se origina como responsabilidad del gobierno o sus instituciones, pero les corresponde reaccionar, enfrentar y resolver. Impensable escatimar gastos.

De manera secundaria se atiende otra ruta en esta crisis y es la del esclarecimiento de los hechos; tanto por deber, como por exigencia social, es necesario llegar a la verdad; cómo se dieron los contagios, cual fue la causa y en consecuencia, quiénes son los responsables.

Se presume que en el fondo hubo una conducta ilícita o irregular, por lo tanto habrá alguien de carne y hueso que deba responder. Las posibilidades son diversas, desde que el producto químico empleado en las anestesias viniera defectuoso desde su producción, en tal caso el responsable sería el laboratorio que lo elaboró. Otra posibilidad es que esas sustancias se hayan contaminado o sufrido una alteración por un mal manejo, y en ese caso la responsabilidad será de quien no las hubiera transportado, almacenado o administrado correctamente. Pero no se descarta la posibilidad de que esos medicamentos hubieran sido alterados intencionalmente, adulterados, robados y vendidos en mercado negro, comprados como piratería y situaciones similares que serían gravísimas si se acreditaran. Otras opciones van por el instrumental, agujas y otros enseres que se hubieran contaminado y más. En todos los casos, esta línea de atención lleva a la consecuencia de encontrar un culpable, que sea llevado ante la justicia y que pague, con cárcel pero también con indemnizaciones por todo el daño causado.

Pero hay asunto más que está mereciendo la atención y la acción de la autoridad; y es la contención y manejo de la crisis. La situación se presta para generar malestar social, para que la indignación, el miedo y el coraje encuentren cauce y se pudieran desbordar.

Por eso resulta de vital importancia para el gobierno, conocer, atender y encausar los sentimientos de la población. Evitar a toda costa que se dirijan contra las instituciones y asegurarse de que no haya oportunistas que traten de lucrar o usar esa indignación políticamente.

Para esto, el gobierno tiene que ejecutar estrategias muy claras en dos vertientes, por un lado una cercanía total con las víctimas, hacer real el “cueste lo que cueste”, mantener información amplia y transparente y mantener la imagen de solidaridad, comprensión y empatía.

Al mismo tiempo, el gobierno tiene la necesidad de agudizar sus servicios de inteligencia, detectar y neutralizar cualquier posible brote de protesta o reclamo. No mediante la represión desde luego, sino mediante el diálogo la información y la atención.

En un trabajo que redondea todas estas necesidades, se encuentra la de comunicar; que la población sepa que se está atendiendo a las víctimas, que se está buscando a los responsables y todo lo que se esté haciendo, en un ejercicio de auténtica comunicación política.

En términos políticos y de comunicación, se ha manejado extraordinariamente bien hasta ahora, pero los responsables están conscientes de que el control nuca es permanente,  el riesgo de que se desborde es latente y en función de eso hay y deberá haber esfuerzos paralelos a los de la salud y la justicia.

@MCervantesM

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