Daño moral

“Se convoca a todos los profesores de nuestra entidad que han sido señalados sin fundamento ni de hecho ni de derecho a efecto de formar un Frente y estructurar un programa de acciones que se encaminan a defender nuestro honor y dignidad”; así se comienza a leer un desplegado firmado por el profesor Manuel Patrocinio López, uno de los nombres repetidos en “tendederos” de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas.

Tal como se señaló desde el pasado sábado en este mismo espacio, la mujer ha tenido que llegar al extremo de repetir constantes marchas ante la violencia de género que ido en aumento desde hace un tiempo; la mujer ha tenido la necesidad de alzar la voz hasta gritar para ser escuchada por cualquier autoridad procuradora e impartidora de justicia. Es una tarea titánica sí; porque ye hemos visto cómo se le ha complicado ser escuchada; ya hemos atestiguado, infinidad de veces, como, a pesar de haber decidido romper y salir del circulo de violencia que gira sobre de ella, termina cediendo nuevamente porque “no queda de otra”, principalmente por esa dependencia económica.

Hemos visto a lo largo de este movimiento que se ha venido repitiendo, a más de una mujer que refleja el terror en sus ojos que rebasan el paliacate que le cubre parte del rostro; me tocó ver, incluso, a alguna amiga o conocida, cuya vida, si a eso que vive puede llamársele así, gritar con coraje que no querían más agresiones; sin embargo me ha tocado ver, como en cualquier marcha de las tantas que me ha tocado dar cobertura, gente que acude, con toda su libertad que les permite hacerlo, pero con poco conocimiento del objetivo real de la demanda en turno. Ambas tan validas como plausibles, insisto.

Esta es una situación que, justificadamente, ha hecho que la mujer se levanté y exija lo que por mucho tiempo se le ha negado aunque sea su derecho; podría ocasionar a otras caer en un delito tratando de combatir otro delito tan deleznable como lo es el que se encuentra en el ambiente este momento y que, ojalá, no se quede en solamente una moda.

Ojalá que las personas que interpusieron sus denuncias de manera oficial, algunas de ellas asesoradas por Julieta Hernández Camargo, en quien reconozco a una gran defensora de los derechos de la mujer, lograran salir adelante en esta tarea tan difícil como complicada, porque será complicado, ya que no sólo se enfrentarán a la violencia de la que han sido objeto, sino que se tienen que enfrentar a un sistema judicial todavía rancio, aunque en estos casos, se vio la disposición del mismo Ejecutivo estatal para ofrecer soluciones.

No obstante, creo que también, en este caso el Profesor que convoca a hacer un “Frente”, está en su derecho, toda vez que, una máxima en esta materia es que “el que acusa está obligado a probar”. Quizás algunas personas lo vean como una intimidación para que las mujeres se detengan en su propósito, ojalá no sea el caso; sin embargo, otros pueden verlo como el legítimo derecho también de proceder en contra de quienes, lo señalaba en la entrega anterior, más que justicia quieren buscar algún tipo de venganza en contra de alguien.

Si fuere así, creo que deben saber que el daño moral se da cuando una persona, por sus señalamientos, causa afectación en la personalidad, en el decoro, en el prestigio, el honor, la buena reputación, de la persona señalada sin fundamentos.

En el Boletín N°. 4681, fechado el 14-12-2017 se deja ver que:

“La Cámara de Diputados aprobó cambios al Código Civil Federal para que en la reparación del daño moral se considere el hecho ilícito de quien comunique, a través de cualquier medio tradicional o electrónico, un hecho cierto o falso, determinado o indeterminado, que pueda causar deshonra, descrédito, perjuicio o exponer al desprecio de alguien. 

Las modificaciones a la fracción I del artículo 1916 fueron avaladas con 386 votos y remitidas al Senado de la República para sus efectos constitucionales.

El documento reconoce que la libertad de expresión debe privilegiarse respecto de otros derechos, sin embargo, al igual que todo derecho, éste no es de carácter absoluto, sino encuentra su límite en el derecho al honor y a la imagen.

Agrega que el derecho a la propia imagen está indisolublemente ligado a la individualidad de la persona, puesto que deriva de la dignidad de las personas”.

De esta manera insisto, deseo que todo esto que tiene una razón de ser más que justa y necesaria, no vaya a quedar en solamente “quemar” a la gente, en lugar de buscar realmente justicia.

@mael_toto

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