De la periferia al centro

Jesús Nevárez

La marcha del país continúa, unos cometiendo pifias, otros como feroces depredadores esperando las cometan. Unos, avanzando en su proyecto, otros intentando regresar a los tiempos de la aristocracia política. Unos pretendiendo cambiar este país en ruinas, otros con la esperanza de que haya una luz al final del túnel. Otros intentando dar marcha atrás a la rueda de la historia.

Desde que Newton dijo que “a toda acción corresponde una reacción”, la ley también se aplica a las ciencias sociales, a sus cambios y transformaciones, a la ciencia política, aunque no de igual intensidad y sentido contrario.

El uso de la fuerza contra la disidencia rompe los equilibrios de la ley física con la persecución, la cárcel, la tortura y el asesinato, como sucede actualmente en Chile, Bolivia, Colombia, El Salvador y otros más.

Con esta intolerancia se construye el autoritarismo, la intolerancia, el fraude a la democracia. Los políticos se conforman en bendetas y cárteles delictivos. Década a década inventan su lenguaje críptico, forman sus redes de poder, se reparten al país como negocio: El transporte, la construcción, la salud, la educación, el litio, el petróleo, el oro, la plata, la comunicación, las acciones de gobierno, todo se repartió entre jefes de mafias. Todo para el cártel de los poderosos, migajas para el pueblo. 

Retomamos un párrafo del libro de Jacinto Rodríguez “La Conspiración del 68, Los intelectuales y el Poder”, editorial Debate: “Al ejercicio del poder que se teje de obscuridad. Es el argumento perfecto de una novela de intrigas, de planes secretos, de mensajes en clave, del uso de la información. Es el lado obscuro de la inteligencia al servicio del poder. (segundo párrafo, página 113)

Los políticos convertidos en padrinos, no es una hipótesis de frustrados o amargados, como se suele acusar a quienes tenemos el privilegio de escribir con aproximación a la libertad; esta hipótesis se objetiviza y  comprueba.

Rosario Robles, Emilo Lozoya, Alonzo Ancira (empresario favorecido del sistema), los ex gobernadores Duarte. Todos ellos tenían a su cargo un área de la actividad delictiva de estado, formaban parte de un todo y se movían con la precisión de los músicos en un concierto, con un director exigente que demandaba resultados.

Los de la nobleza aldeana, que conformaban la corte de alabarderos, no están a salvo, se sabe que  avanzan estado por estado las carpetas de investigación,  un trabajo arduo que se llevará años, pero a cada santo se le llegará su función, ese es el terror para quienes  robaban la posibilidad de que los de abajo vivieran con dignidad, y los condenaban a la miseria los aventaban a la delincuencia.

 Los cárteles delictivos de la aristocracia política, su diferencia con los narcotraficantes es que éstos son cautos, saben donde y como avanzar, como protegerse, se juegan su vida y libertad. Lo cárteles políticos se volvieron ambiciosos, cínicos, impunes, soberbios, prepotentes, características propias de la nobleza decadente. 

La estrategia va de la periferia al centro, va en contra de las cabezas de grupos, irán cayendo la mayoría, se llevará tiempo, pero recibirán lo que merecen, y el círculo se irá cerrando hasta que caigan los directores de la orquesta macabra. O no.

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