Échame a mi la culpa…

Aunque usted no lo crea, hay políticos, servidores públicos que han llegado al extremo de adjudicar la mala imagen del gobierno federal por su reacción en el tema del coronavirus ¡a intereses oscuros de la derecha para desestabilizar al gobierno de López Obrador!

Era una caricatura que circulaba: la estrategia de AMLO y la 4T ante una eventual epidemia de coronavirus sería echarle la culpa al neoliberalismo o a la derecha. Pero la realidad ha superado a los memes.

No es nuevo; cuando los padres de niños con cáncer en su desesperación fueron a protestar y a decir sus verdades al gobierno negligente, también fueron acusados de actuar de mala fe, de ser parte de la derecha reaccionaria.

Para las mujeres que reclaman justicia, que piden terminar con la violencia, en lugar de una respuesta o de una política pública lo que hay es… también la acusación de que su movimiento es orquestado por los enemigos del gobierno. Y los feminicidios son culpa del neoliberalismo, dice el presidente.

Y ahora que los niveles de aprobación del presidente López caen en todas las encuestas, la reacción oficial es… efectivamente, también culpar por su desgaste a los “conservadores corruptos”.

Hace tiempo que se le ha reclamado al presidente por la falta de resultados en materia económica, primero por la falta de crecimiento, luego por el retroceso y en cada caso la reacción del primer mandatario ha sido repartir culpas. Nunca ha aceptado que los resultados en ese tema son por decisiones de su gobierno.

También se le ha reclamado o al menos se le ha cuestionado por que en lugar de disminuir la violencia y la criminalidad como él prometió, se han incrementado y al respecto, la justificación presidencial ha sido la misma, la culpa es de otros, de sus adversarios o de los gobernantes anteriores.

Y cuando se ha acercado la crisis por la migración irregular también hay a quien culpar y obviamente son los mismos, los reaccionarios y las políticas neoliberales.

Los campesinos ambientalistas en la península de Yucatán que se oponen a la depredación de sus tierras, las comunidades indígenas que rechazan la intervención de la selva para construir un tren, también son tildados de conservadores.

No han faltado etiquetas, como justificante, para las víctimas del crimen, para los familiares de desaparecidos, para mujeres violentadas.

Y cuando parece que ya fue el colmo, viene el presidente y se supera a sí mismo. Cuando los jóvenes de su propia tierra en Macuspana le dicen que no es cierto que todos están recibiendo las becas prometidas, López Obrador les dice mentiros.

Para los empleados públicos despedidos sin indemnización, para los campesinos que se quedaron sin apoyos, para las mujeres trabajadoras que les cerraron las guarderías donde dejaban a sus hijos, a los migrantes que vienen huyendo de la muerte, a quienes exigen por sus derechos, para ellos el presidente, su gobierno y sus seguidores tienen toda una batería de epítetos, acusaciones y denuestos: corruptos, neoliberales, conservadores, reaccionarios, retrógradas, antigobiernistas, derechistas…

En cambio, para los delincuentes, los asesinos, los violadores, los secuestradores, los extorsionadores, los ladrones y los defraudadores, las palabras de Andrés Manuel son que “los delincuentes son seres humanos y merecen respeto”.

Twitter: @MCervantesM

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