El privilegio de quedarse en casa

Jennifer de la Torre

Pocas cosas agitan al mundo y esta es una de ellas, es un buen momento para hablar del coronavirus, pero no precisamente como experta en cuanto a la pandemia, porque es obvio que no lo soy, pero en una reflexión, sobre las medidas de seguridad que se deben de tener, que son claras pues  ahorita estamos en la fase uno, donde lo más importante es la prevención, el aislamiento de todas las personas, la famosa cuarentena, o el ya conocido recordatorio “quédate en casa”, porque es un deber acatar, estas recomendaciones sanitarias. 

Pero que tan fácil ha de ser quedarse en casa para las madres de familia que tiene que llevar dinero para el sustento de su familia, o para las trabajadores del hogar, los hombres que trabajan en un taller mecánico, los que son albañiles, los taxista, los camioneros, los trabajadores de las maquilas, los vendedores, los miles de tianguistas, los limpiavidrios, las artesanas, los recolectores de basura o simplemente mi amiga  la señora que vende burritos a fuera de la escuela, porque salen a trabajar no porque quieran correr el riesgo de contagiarse o contagiar de COVID-19, a otras personas. 

Les aseguro que no ha de ser nada fácil, ¿cómo le van a hacer las personas que compran la comida día a día? o ¿cómo se quedaran en casa los que no tienen casa?

Más que recomendaciones de buena fe o basadas en la comodidad desde nuestros hogares, se necesitan medidas urgentes, que se prevean todas estas situaciones y que la cuarentena no sea un privilegio de clases o un lujo que no solo sea para las personas que trabajan en el sector formal.

Nuestro estado no entrara en cuarentena, si no hay acciones reales que apoyen a estos sectores vulnerables o si no se garantizan los derechos laborales para todas las personas. Se requieren alternativas que sean eficientes y oportunas, le llaman medicina preventiva, esa que sale más barata si se hace con tiempo y en forma.

La cuarentena por el coronavirus, nos invita a cuestionarnos la desigualdad social en la que vivimos, pues para algunas personas es sencillo quedarnos en casa, conectándonos en plataformas virtuales para recibir clases y se preparan para ver maratones de netflix o leer un libro, es una realidad que solo pueden gozar unos pocos, o para las personas que pueden  llenar el refrigerador, o las personas que de cualquier forma recibirán un sueldo, la cuarentena, es una oportunidad de reflexión, de convivir con la familia, recordar momentos, o hacer cosas que no tenían tiempo que no realizaban, incluso la interacción de algunas personas en redes sociales al compartir  lo que hacen desde casa, se retan los unos a los otros en diferentes acciones desde la comodidad de sus hogares y este ejercicio es bueno, pero que hacemos nosotros para coadyuvar con esta situación de emergencia mundial, pues la solución completa  no la dará el gobierno o el sector salud. 

Esto no es un juego, debemos tomarlo muy enserio, atendamos las recomendaciones en lo individual pero pensemos que podemos hacer para ayudar en la colectividad, esa que es  más vulnerable, dejar a un lado los egoísmos, pensar y actuar juntos. 

Ya se dijo, que la cuarentena es un privilegio de clase, pero no solo esa gran complejidad, pues también es la desigualdad descarada de género, niñas, niños y mujeres compartiendo constantemente espacios con su maltratador.

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