El T-MEC: innovaciones y desafíos para México

Hermilo González Olivas

El siglo XXI, con su revolución tecnológica, aceleró el proceso de globalización; es decir, la interrelación entre las naciones del mundo, en todas las actividades que desarrolla la humanidad, especialmente en la economía. En 1992 México firmó un tratado comercial – El TLC que entró en vigor en enero de 1994- con Estados Unidos y Canadá; se trataba de integrar a los 3 países de América del Norte en una región económica capaz de competir con otras regiones del planeta; pero también se buscaba  impulsar la prosperidad de nuestras respectivas sociedades, especialmente la nuestra tan injustamente desarrollada; además,  el gobierno de USA  propuso un convenio paralelo a fin de mejorar las condiciones laborales de los trabajadores mexicanos, así como la democracia sindical; documento que México nunca operó.

En 2018, el gobierno de USA propuso la modificación del TLC con el propósito de crear un nuevo tratado, en la perspectiva de los intereses del actual gobierno de ese país, que está potenciando el espíritu proteccionista de sus intereses económicos nacionales. En este orden de acontecimientos, el gobierno de México, entonces presidido por Peña Nieto, inició con los representantes de los gobiernos de USA y de Canadá una serie de reuniones en las que se fueron definiendo los temas y las normas convencionales que contendría este nuevo tratado comercial. Cuando el electorado mexicano se volcó en las urnas en el 2018 y eligió como Presidente de la Republica, por abrumadora mayoría, al ciudadano Andrés Manuel López Obrador y ya como presidente electo, con un acuerdo con el entonces presidente, nombró al economista Jesús Seade, para que se incorporara al equipo negociador de México.  Cuando Andrés Manuel López Obrador asumió el poder presidencial, comisionó al Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrad y como Operador Técnico a Jesús Seade, para que asumiera la representación oficial del Gobierno Mexicano en las negociaciones y en la redacción final del nuevo tratado comercial. Como sabemos, las negociaciones fueron difíciles por las propuestas drásticas del presidente Trump –empresario de clase mundial, cuyo perfil como negociador hábil y disruptivo es conocido en el mundo-; sin embargo, las directivas estratégicas que nuestro presidente, Andrés Manuel López Obrador, trazó y coucheó –vía telefonía satelital- a nuestros negociadores, incluso en el momento mismo en que se pactaba en la mesa de las discusiones, así como la capacidad demostrada por Ebrad y Seade, siempre mantuvieron la línea de defensa de los intereses de México; tal es el caso del concepto denominado país de origen que benefició a la industria automotriz de México; así como el capítulo donde se estableció el respeto a la soberanía de México sobre   sus recursos energéticos; y desde luego la propuesta Mexicana de establecer paneles  para resolver las diferencias que surjan en la aplicación del tratado;  también es importante destacar la propuesta de USA y de Canadá para mejorar el salario de los obreros mexicanos y establecer una cultura democrática en la vida del sindicalismo mexicano. Temas en los que el régimen del presidente Andrés Manuel López Obrador coincide, como lo está demostrando en la perspectiva histórica de su pensamiento y acciones políticas de gobierno. Desde que los jefes de Estado de México, USA y Canadá, firmaron el nuevo tratado –T- MEC-, diversos fueron los momentos políticos que retrasaban la ratificación del Nuevo Tratado por los órganos legislativos competentes de cada país –el Senado mexicano fue el primero que lo ratificó y el Senado canadiense fue el último-.

Finalmente, permítaseme compartir estas reflexiones: En el actual escenario de crisis de salud que está enfrentando la humanidad, por la aparición súbita del COVID-19 en china y que están padeciendo casi todos los pueblos del mundo – por eso la OMS lo declaró pandemia- ; el T-MEC es un instrumento que va a fortalecer nuestro sistema económico, y va a impactar favorablemente a nuestro sistema democrático que aún está en construcción .En su momento, si el supremo hacedor del universo y dador de la vida lo permite, me ocuparé de expresar mis opiniones sobre las reformas constitucionales que ha ido proponiendo el actual régimen político, en el marco de su agenda de transformaciones del sistema social mexicano.

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