Emergencia en la Cruz Roja

Resulta difícil creer que alguien ataque o cause daño a un organismo tan noble como la Cruz Roja, con la que miles de ciudadanos han contribuido a lo largo de su historia hasta hacer de ella una de las instituciones más respetadas y prestigiadas.

Todavía hoy, muchas personas participan con un loable esfuerzo en fortalecerla para que siga salvando vidas y siendo el más importante apoyo de todos aquellos que se ven en una emergencia. Pero…

Por increíble que parezca, la Cruz Roja también ha sido víctima de agresiones, desde luego todas injustificadas, la más grave hasta ahora había sido hace algunos años cuando el entonces petista Juan Cruz Martínez lanzó serias calumnias y logró que los ingresos por aportaciones a la institución se redujeran drásticamente, poniendo en serio riesgo los servicios que presta. Pero la verdad se impuso y aquel ataque fue superado.

Hoy sin embargo la institución enfrenta otros peligros y de hecho, ha sufrido ya daños que a simple vista no se aprecian pero que se siguen agravando.

Gracias al arduo trabajo se sus voluntarios, los que quedan, y del personal remunerado se mantiene operando con gran calidad, altruismo y dedicación, pero que no es fácil para ellos. De manera cotidiana se tienen que enfrentar con problemas y el más apremiante es la falta de personal.

Por ejemplo, la norma dice que para los servicios de ambulancia, que son los más significativos, deben acudir un operador y dos paramédicos por unidad; en la realidad, muy apenas pueden mandar al operador y a un paramédico que muchas veces es apenas un estudiante o practicante de la carreta de Técnico en Urgencias Médicas del Instituto La Luz, la escuela de profesionalización de la Cruz Roja.

Hay registros, verificados, de trabajadores que han hecho turnos de hasta 36 horas continuas.

Ha habido momentos de gran saturación de servicios en los que no se dan abasto para atender las llamadas de auxilio.

La institución tuvo alguna vez especialistas e instructores en áreas que se han ido eliminando, así dejaron de tener rescate vertical, rescate acuático y binomios caninos. Sí los tuvieron, sí había especialistas, sí tenían instructores, sí salvaban vidas, sí estaban preparando nuevas generaciones de rescatistas… y los perdieron.

Pero también hay quejas de acoso y malos tratos a estudiantes y voluntarios por parte, muy específicamente de un par de coordinadoras, quienes tendrían, según las quejas, gran parte de la responsabilidad en haber perdido personal, instructores y hasta estudiantes.

Sí; un dato verificado es que por lo menos toda una generación de estudiantes de enfermería abandonó la escuela, fueron echados o se fueron por culpa de estas coordinadoras, toda una generación por lo menos.

En los últimos años, de grupos de aspirantes a TUM o enfermeros de más de 30 y a veces hasta de 50 integrantes, al final quedan apenas cuatro o cinco, por la misma causa. Y no, no es normal que deserten en esas proporciones, son echados por estas coordinadoras de nombres Alejandra y Alejandra.

“Ustedes para lo único que sirven es de camilleros o para limpiar ambulancias” ha dicho textualmente una de ellas. La otra no tolera que los estudiantes salgan ni siquiera al baño, no es broma, si lo hacen tendrán un reporte y por lo tanto más presión para irse.

Es tal la molestia, el acoso, la intolerancia y la prepotencia que afrentan los estudiantes que uno a uno se van rindiendo y terminan por irse; lo mismo que los más capaces, profesionales y dedicados instructores rescatistas, que han sido recibidos con los brazos abiertos en la iniciativa privada y en corporaciones de protección civil.

El mal trato en el Instituto La Luz es el origen de que naciera en Durango una escuela particular que ofrece ese mismo servicio, la preparación de Técnicos en Urgencias, a la que prefieren irse muchos de los alumnos e incluso, en otro caso también verificado, todo un grupo de más de 30 ya avanzados, se salieron y fueron recibidos en un CECATI donde hasta les abrieron un grupo especial.

Por si fuera poco, muchos también tuvieron que dejar la escuela porque ¡les desparecieron sus pagos!, ellos hacían sus pagos a la coordinación pero al paso de los meses no se los reconocieron, les exigían pagar de nuevo, solo los pocos que conservaron recibos lograron al menos parcialmente que se les respetara lo que habían pagado de colegiaturas.

Sí, verificado, hubo quienes pagaron hasta 18 milpesos en colegiaturas que luego no les reconocieron y como no estaban en condiciones de volver a pagar, mejor se fueron, sin reconocimiento de sus estudios, sin certificación y sin su dinero.

Esta desbandada en el instituto, esta desmoralización, es en buena medida la explicación de porqué falta personal, porqué faltan voluntarios, porqué ha habido generaciones con cero graduados, porqué hoy hay grupos con cuatro o cinco alumnos.

Esta vez el daño viene desde adentro.

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