#EsClaudia, gris como el cemento

Por Miguel Ángel Sosa

Claudia Sheinbaum camina dando tumbos pero con el manual en la mano; lleva encima, cual escapulario, la misma guía que usó su jefe: el de la eterna campaña auspiciada con recursos mágicos, el que nunca trabajó pero que tuvo flujo constante de sobres color manila a su disposición.

La desobligada Jefa de Gobierno de la Ciudad de México anda de gira artística por todo el país, presentándose en cuanto evento público la invitan. Allí, desde las variopintas tribunas se lanza contra los adversarios que son señalados por turnos desde Palacio Nacional.

La morenista siembra discordia con los llamamientos de juicio para opositores, ataca a diestra y siniestra y pretende crecer en las preferencias con la ilusión de una imagen de política activa y combatiente. Ja, nada más lejos de la realidad: Claudia es más gris que el cemento con el que se construyeron el AIFA y la Refinería de Dos Bocas.

El peor pecado de Sheinbaum es la soberbia, ella se cree una política de avanzada, buena ondita, carismática, que prende a las masas. Ella piensa que todo el mundo se muere de ganas de ir a escucharla en un mitin. ¡No se vale que le mientan así!, ¡qué asesores tan malos que no le dicen la verdad!

Todo lo anterior no necesariamente implica que Claudia vaya a perder la elección interna, ya que para saber quién será la corcholata mayor ese tema corre en otra pista, particularmente en el escritorio de un tabasqueño que se apellida López Obrador.

No es ninguna sorpresa que, en esta precampaña, ella quiera hacer todo lo posible por ganar la agenda, por ello se lanza a la yugular de los objetivos del momento y después se escabulle para brincar a una siguiente nota. Al menos esa es la intención, por cierto, mal lograda.

El error en la estrategia no es culpa de Sheinbaum, ni de sus carencias discursivas ni de sus errores comunicaciones ni de su falta de tacto y presencia, la falla más grave es creerse la reencarnación del López Obrador, es cree que el carisma del mesías neopopulista se puede trasladar hacia otra persona tan solo con una palmadita en la espalda.

¡Pobre Claudia!, no ha de ser fácil pelear contra su ego, que de seguro debe ser enorme, tal vez tan grande como los escándalos de corrupción y malas gestiones de su gobierno, o como la negligencia de su administración o como su patético papel de bufón por fallas, fallas y más fallas en la capital del país.

Mientras ella viaja, la Ciudad de México arde. Mientras ella se pavonea en los estados para que la conozcan, el Metro se encuentra en números rojos y eternas descomposturas. Mientras ella quiere ganarse a México, se le incendia la casa y parece que no hay bomberos.

 

Twitter: @Mik3_Sosa

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