Fakeminismo y oportunismo

Desde el púlpito de Palacio Nacional se ha pontificado en contra del movimiento feminista. Anatema, sentencia el presidente al tiempo que, fiel a su estilo, endilga a las convocatorias de los colectivos de mujeres un origen o patrocinio “conservador” y por lo tanto sus palabras tomadas por sus seguidores como la invitación, o mejor dicho como la orden de atajar y atacar el activismo feminista.

Y desde luego sus redes funcionan tan bien como durante su campaña; ágiles y experimentadas en la calumnia y la difamación.

El desdén de López Obrador hacia el feminismo y su evidente carencia de interés por políticas públicas en la materia parece tener una explicación en que se trata de un asunto ajeno a su agenda, fuera de su proyecto, incluso incómodo porque lo distrae de los temas que realmente le interesan.

Pero también contribuyen los dirigentes partidistas y actores políticos que se han apresurado a “respaldar” actividades como el parto del nueve de marzo. Condescendientes tratan de granjearse el favor y lo que han conseguido es politizar y dividir. Algunos grupos les agradecen su sensibilidad, las verdaderas feministas les recuerdan que no necesitan de su permiso para ejercer su libertad y su derecho a manifestarse.

Y por encima de la intromisión de los políticos, se ha dejado sentir el oportunismo, el del falso feminismo que ha visto la oportunidad de llevar agua a su molino, en algunos casos para colgarse de la bandera, para aprovecharse de un movimiento que ya está en marcha y tratar de lucrar políticamente, de apropiarse y asumir la defensa, la protesta, la indignación que hasta hace poco no sentían pero que ahora está de moda.

En otros casos, esta modalidad de feminismo, busca darle al movimiento una pátina de civilidad, de cortesía, de orden. Con la clara intención de hacer ver mal a las feministas que gritan las que expresan su ira y su hartazgo, las que vienen luchando desde hace años y que apenas ahora comienzan a ser escuchadas. Y como ahora ya están siendo tomadas en cuenta, sobran redentoras.

Es en ese tono, del feminismo de ocasión, del feminismo bonito que busca la aprobación social y de los hombres, que parece haber surgido esa iniciativa de la Cadena Feminista.

Es cierto que de manera genuina hay muchas personas que rechazan las expresiones violentas, extremas o radicales; pero también es cierto que hay quienes señalan esas formas desde el privilegio y tratan de deslegitimar a quienes han encontrado así la única forma de ser escuchadas.

Nadie se sorprenda cuando en las redes y grupos de whatsapp de esa cadena, son protagonistas principalísimas, conocidas mujeres de la política, lo mismo en Durango como ocurre en otras ciudades, quienes se han apropiado y desde su experiencia lideran, guían, orientan la justa indignación y el deseo de expresarse de otras muchas.

Hoy estas fakeministas convocan a su manifestación descafeinada, a su cadena light, y piden que en “su” movilización no se expresen consignas, que todas vayan ordenaditas y bien portadas. Y que a las que se quieran salir del huacal y pretendan gritar su hartazgo y su coraje, o simplemente alguna desea manifestar sus ideales, que se les invite comedidamente a construir agenda en otro momento. Como si fueran dueñas de la plaza o del movimiento. 

Lo que no dicen las feministas bienportadas es que ellas hoy tienen la posibilidad de ser escuchadas, gracias a que hubo otras antes que ellas que salieron a gritar y a romper vidrios. Antes de que se atrevieran a pintar paredes, a quemar y a destrozar, no eran vistas. A esas locas, agresivas, violentas, desmadradas, les deben la posibilidad de que el feminismo esté en la agenda y quienes hablan sean, ahora sí, tomadas en cuenta.

Twitter: @MCervantesM 

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