Gobernar con ocurrencias

Es inevitable abordar el tema, cuando todo el país se cimbra con la violencia desenfrenada, los feminicidios que día a día es motivo de manifestaciones que marchan demandando atención a este problema, el desabasto de medicamentos, problema que por fin reconoció que desde que inició esta administración ha insistido que era falso y que se trataba de desestabilizadores, también está el nulo crecimiento y el desempleo.
El gobierno federal a todo tipo de problema le da por negarlo e inmediatamente culpa a los demás, son los gobiernos anteriores corruptos, los neoliberales o los conservadores y así se la lleva, lo cual, es totalmente falso.
Ahora desde hace tiempo sacó de imaginario la rifar el avión presidencial, su capricho es deshacerse del mismo, aunque se esté perdiendo mucho dinero, el caso es que se va a pagar dos veces.
Lo de la rifa del avión presidencial o la eliminación de los puentes vacacionales han dejado de ser simples distractores presidenciales sobre las complejas coyunturas que vive el país, como ya lo señalamos: la crisis de los medicamentos, las fallas del Insabi, la inseguridad y el estancamiento económico y otros más, para comenzar a convertirse en parte de esos mismos problemas.
Lo de la rifa del avión ya alcanza niveles surrealistas. La última novedad es que, quien gane el avión, en realidad no lo ganará, sino que tendrá una suerte de bono de 25 millones de pesos (en lugar de una propiedad de mil 500 millones, según el propio gobierno federal), en un esquema prácticamente incomprensible, donde se mezclan fideicomisos, propiedades compartidas, resguardos y todas las ocurrencias del momento. Pero lo mejor es la justificación utilizada para este galimatías: es para que los ganadores “no se echen a perder”. Como ya sabemos, para el Presidente el dinero es pecaminoso.
Al mismo tiempo que cuida que los ciudadanos “no se pierdan” ante una súbita riqueza, el primer mandatario le vendió, con carácter de a fuerza, menos de dos millones de boletos a ciertas empresas privadas, él pretendía que fueran cuatro millones. Pero veamos esto, recordemos que, al iniciar su administración, insistió mucho en señalar que él separaría el poder político del poder económico, pues cada sexenio se venía practicado ello, y que así era como se iba formando una casta privilegiada a la que se le beneficiaba con todo tipo de negocios y obras. Hoy precisamente hace esto, y claro él niega que haya cualquier tipo de contubernio detrás de esa coperacha.
En el rechazo a acabar con los puentes vacacionales han coincidido casi todos, incluso varios miembros de Morena, en que es una ocurrencia muy costosa, tanto para la industria turística como para las empresas y, sobre todo, para los ciudadanos. Otra vez aparece el criterio supuestamente moral de que eliminando los puentes se recordarán los eventos históricos que se celebran en las fechas patrias, y no se entiende que para eso está el sistema educativo, que es donde se tiene que dar la formación cívica de los estudiantes. Lo demás es una forma de castigar al turismo, a las empresas y a los ciudadanos por una simple ocurrencia presidencial.
Tampoco le gusta la autonomía de la UNAM (ni la autonomía de ninguna otra institución) a un primer mandatario que quiere centralizar desde la salud hasta la educación, pasando por el ejercicio del poder. El Presidente está alejado de la UNAM y del resto de las universidades públicas nucleadas en la ANUIES, lo estuvo en la campaña y como mandatario. Les redujo el presupuesto, les ha creado problemas insolubles al establecer que no puede haber cuotas en ninguna universidad pública. Ante el conflicto que vive la Universidad Nacional, dice que hay “mano negra”, lo que es verdad, y asegura que hay que “lamparear” a quienes la ejercen. Pues bien, el único que puede hacerlo es el Estado mexicano, sus servicios de inteligencia, sus fuerzas de seguridad.
Días atrás, el Presidente aseguró, cuando se informó que la economía había decrecido en 2019, que el crecimiento era una forma de medición neoliberal, que él tenía otros datos basados en la distribución del ingreso y los recursos. Sin crecimiento no hay desarrollo, y sin inversiones privadas y públicas no habrá crecimiento. Es verdad que ha habido un aumento marginal, pero real, en el consumo básico debido tanto a los apoyos distribuidos por el gobierno como, sobre todo, por el crecimiento sin precedentes de las remesas que envían nuestros paisanos desde Estados Unidos, pero eso no hace crecer la economía ni impulsa el desarrollo del país.

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