Hidalgo y Morelos: Padres Fundadores de México

En el principio era el verbo de la libertad y la justicia…”: Paráfrasis cívica

Los mexicanos acabamos de celebrar el 211 aniversario de la INICIACIÓN de nuestra lucha por la independencia de la corona española. Por mi parte, yo siempre hago remembranza de los PRECURSORES que se atrevieron a manifestar su ideal por una patria independiente; tal es el caso de Francisco Primo de Verdad y Ramos, de Francisco de Azcarate y de Melchor D. Talamantes, quienes en el contexto de la usurpación del trono español, en 1808, por José Bonaparte –impuesto por su hermano Napoleón-; asumieron que esa circunstancia política era la oportunidad para proclamar la  independencia de los pueblos de la Nueva España. Como sabemos, su propósito generoso no tuvo éxito y primo de verdad se convirtió en el primer mártir de nuestra independencia.

Fue hasta 1810, cuando en Querétaro, un grupo de criollos liderados por Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Josefa Ortiz de Domínguez – vale recordar también a los hermanos González que buscaron proveer de armamento y municiones para la causa insurgente-; estaban resueltos a desatar la lucha armada por nuestra independencia. Se dice que tenían planeado iniciarla el día 29 de septiembre – día de San Miguel Arcángel-, pero al ser descubierta la conspiración el 13 de septiembre, el párroco de la iglesia del pueblo de Dolores Miguel Hidalgo y Costilla, la madrugada del 16 de septiembre, reunidos en el atrio de la iglesia,  convocó  a los feligreses a luchar contra el gobierno virreinal para forjar una patria libre. La ruta de guerra de los insurgentes, fue de triunfos y también de derrotas. Dice la historia que Allende estaba decidido a tomar la Ciudad de México, pero que Hidalgo no quiso, por lo que había sucedido en Guanajuato, en el asalto a la Alhóndiga de Granaditas – donde ocurrió la hazaña de “El Pípila”-, cuando aquel ejercito del pueblo agraviado por 300 años de esclavitud y humillaciones, quitó la vida y escarneció a los españoles que ahí se atrincheraron. Los detractores de Hidalgo, lo culpan y eso es una mezquindad a posteriori, lo menos que puede decirse de esos falsearios de la historia, es su incapacidad para entender la psicología de las multitudes en una guerra por la dignidad y la libertad.

Cuando la traición en Acatita de Baján,  irrumpió en la guerra insurgente y entregó al padre Hidalgo, a Allende, a Aldama y a Jiménez, que fueron asesinados por las tropas realistas y cortadas sus cabezas; y luego expuestas en la Alhóndiga de Granaditas, como un acto de venganza y de escarmiento para aquella generación de soñadores de la Patria; pero estaban equivocados, pues la suerte de nuestro destino como nación independiente, estaba echada ante la Historia. Así pues, otro sacerdote: José María Morelos y Pavón, supo mantener en alto la antorcha de la libertad que le había entregado el padre Hidalgo; y supo cumplir su misión en la ruta de la libertad, no solo en los campos de batalla, sino que  también asumió con claridad de pensamiento, la idea de un Estado Libre y Soberano, donde primara la libertad y la justicia de todo el pueblo, sin exclusiones; así dejo testimonio en el documento primigenio titulado “LOS SENTIMIENTOS DE LA NACIÓN”; así quedó plasmado en la Constitución de Apatzingán. Este espacio es limitado, pero sería injusto no exaltar los nombres de nuestras madres fundadoras: Josefa Ortiz de Domínguez y Leona Vicario; y con ellas, saludamos con gratitud, a todas las mujeres que afrontaron las penurias de aquella nuestra primera lucha histórica para construir nuestro ser y nuestra identidad como Nación libre, independiente y soberana. Ese es el desafío indeclinable que tenemos todas las generaciones de mexicanos bien nacidos. Así debemos testimoniarlo en la tercera década del siglo XXI. 

Finalmente, quiero hacer referencia a lo que constituye la piedra angular de la filosofía política de la nación mexicana: la declaración de la Abolición de la Esclavitud, que hizo Miguel Hidalgo en diciembre de 1810 en Guadalajara; así como el documento escrito por Morelos y titulado LOS SENTIMIENTOS DE LA NACIÓN, en septiembre de 1813; y desde luego, la CONSTITUCIÓN de APATZINGÁN, promulgada en octubre de 1814; son documentos históricos, que marcaron los principios de nuestra existencia política y jurídica como pueblo, como nación y como Estado libre y soberano, ante el concierto de las naciones, del mundo civilizado, que debe respetar los principios de soberanía y de libre auto determinación de los pueblos, cuyas diferencias deben dirimirse en la mesa de las negociaciones, o en su caso, en los organismos jurisdiccionales internacionales; pero jamás por la fuerza ni por la opresión económica y mucho menos por el recurso de las armas. En el mundo global de nuestro tiempo, debe prevalecer la cooperación y la asistencia recíproca –sin intervencionismos-, para superar los rezagos de los pueblos más pobres del mundo. Se impone la conciencia y el sentido de responsabilidad social, no solo de los gobiernos, sino también de las empresas transnacionales, para promover el desarrollo económico de los pueblos con sentido de justicia social. 

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