Historia del Pensamiento Económico

Daniel Arturo Campillo Campos

 

Historia del Pensamiento Económico

 

Después de concluir la columna la semana pasada me di cuenta de que muy pocas veces he escrito con relación a la historia económica. Esto lo digo porque cuando utilizo términos como “crítica a la economía política” asumo que todos los lectores tienen la certeza del origen de este término, lo cual es un error de mi parte pero al mismo tiempo es una oportunidad para explicar a lo largo de varias semanas (en la medida de lo posible ya que como cada año hay que analizar el PEF 2021 aprobado), sobre una rama económica por demás fundamental en el análisis de los fenómenos económicos: la historia del pensamiento económico. Tomaré como fuente el libro “La Riqueza de las Ideas: una historia del pensamiento económico” de Alessandro Roncaglia, 1ra edición, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2006.

La economía política (o economía) es una investigación de la sociedad con dos características principales. Primera, es una investigación científica que sigue reglas metodológicas específicas (aunque no necesariamente inalterables o unívocas). Segunda, considera la sociedad en un aspecto particular pero fundamental: el mecanismo de supervivencia y desarrollo de una sociedad basada en la división del trabajo. En tal sociedad cada trabajador se emplea en una actividad específica, colaborando en la producción de una mercancía específica, y tiene que obtener de otros agentes económicos, a cambio (de una parte) del producto, las mercancías que se requieren como medios de producción y subsistencia. Estos mecanismos se componen de instituciones, costumbres, normas, conocimiento y preferencias, los cuales constituyen restricciones y reglas de comportamiento. Los economistas investigan los resultados, individuales y colectivos, de conjuntos específicos de restricciones y reglas de comportamiento.

Como investigación de la sociedad, la economía política es una ciencia social, con una dimensión histórica decisiva. Como ciencia, implica adhesión a los criterios metodológicos que predominan en el entorno de trabajo de los economistas (los cuales, entre otras cosas, determinan a su vez los criterios de selección profesional); los economistas pueden, pues, verse inducidos a adoptar reglas metodológicas derivadas de las ciencias naturales, como es indudablemente el caso en la etapa actual. De ahí que tengamos una tensión irresoluble, dado el empobrecimiento que resultaría para la economía política, por una parte, del abandono de las reglas científicas de consistencia lógica, y, por otra parte, del descuido de sus características como ciencia social.

La historia del pensamiento económico desempeña un papel central al favorecer una resolución positiva de la tensión arriba mencionada. Por una parte, destaca el papel esencial de la dimensión histórica en las investigaciones económicas. Por otra parte, atribuye un papel central al criterio de precisión lógica, a la par que al criterio de relevancia empírica, seleccionando y evaluando las teorías en las que cabe concentrar la atención, y localizando un hilo conductor de desarrollo.

De este modo, surge una respuesta bastante clara a la pregunta de la que hemos partido. La historia del pensamiento económico es útil no sólo ni simplemente a nivel didáctico, o para proporcionar un «sentido de dirección» a la investigación económica, o material para los epistemólogos. Es un ingrediente esencial tanto del debate teórico entre enfoques alternativos —dado que contribuye a aclarar las diferencias y modificaciones en sus representaciones del mundo— como del trabajo teórico dentro de cada enfoque, puesto que contribuye al desarrollo de los fundamentos conceptuales y a la clarificación de los cambios que intervienen en ellos, en respuesta a las dificultades teóricas y a las realidades en evolución.

Por lo tanto, la historia del pensamiento constituye también una educación en democracia. A diferencia del absolutismo científico extendido en la corriente principal de la enseñanza de la economía, la historia del pensamiento ofrece una educación en el intercambio de ideas, que también favorece —gracias al esfuerzo que implica en la comprensión de las ideas de los otros— la percepción de la complejidad de las cosmovisiones que subyacen en las diferentes teorías y determinan sus potencialidades y límites, y la percepción de los vínculos con otros campos del conocimiento y de la acción humanos.

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