I Domingo de Adviento; Ciclo C

Faustino Armendáriz Jiménez

I Domingo de Adviento

Ciclo C

«Pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación»

Lc  21, 25-38

Comenzamos un nuevo año litúrgico, preparándonos, como siempre, para celebrar la Navidad. La primera lectura promete la venida de un descendiente de David que reinará practicando el derecho y la justicia y traerá para Judá una época de paz y seguridad. El evangelio anuncia la vuelta de Jesús con pleno poder y gloria, el momento de nuestra liberación.

El evangelio comienza con las señales típicas de la literatura apocalíptica a propósito del fin del mundo (portentos en el sol, la luna y las estrellas) que provocan en las gentes angustia, terror y ansiedad. Pero el evangelio sustituye el fin del mundo con algo muy distinto: la venida de Jesús con gran poder y gloria; y esto no debe suscitar en nosotros una reacción de miedo, sino todo lo contrario de ánimo y esperanza: «Pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación».

A continuación, nos dice el evangelio cómo debemos esperar esta venida de Jesús. Negativamente, no permitiendo que nos dominen el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de la vida. Positivamente, con una actitud de vigilancia y oración.

El Adviento es tiempo de espera. No la espera de la navidad comercial, sinónimo del despilfarro consumista, de los regalos diplomáticos, de la felicitaciones vacías, de las fiestas y las comilonas, tampoco la espera amargosa de un final fatal. La Palabra de Dios nos recuerda que Adviento es la espera de la felicidad prometida por Dios y del acontecimiento de Cristo, nuestro Salvador.

 

En este tiempo de Adviento estamos llamados a permanecer vigilantes y activos, con la cara en alto y el ánimo bien dispuesto. Sin duda el año que estamos terminando a muchos nos ha golpeado, nuestro pueblo camina herido por la violencia y la inseguridad, por la corrupción y la desigualdad, hoy existen tensiones que generan incertidumbre, que dividen, y nuestro pueblo lo expresa. Ante esto la Palabra Dios irrumpe y nos da una enseñanza, a no perder la Paz, ha vivir como conviene, para seguir progresando en el amor y conocimiento de Jesucristo el Señor. El Señor está cerca, y así como su nacimiento fue motivo de alegría para los más pobres, los pastores, que pasaban la noche al raso. También lo ha de ser para los pobres de hoy, para los necesitados, para nuestros vecinos, para los que se han quedado sin trabajo, para que no pierdan la esperanza, para que no la perdamos nosotros tampoco. El Señor nos invita a mirar la vida con dignidad y esperanza. Él viene a nuestro encuentro.

Vamos a vivir este Adviento con fe, con esperanza y con amor. No vivamos anclados en la tristeza por lo sucedido y angustiados por lo que vendrá. Los Hijos de Dios, los Discípulos-Misioneros, sobemos que en medio de la angustia y del temor, Dios se manifiesta siempre.

Queridos hermanos tenemos por delante cuatro semanas para ir con atención al encuentro de Dios, para no perdernos su venida. Cuatro semanas de estar despiertos, con la cabeza alta, esperando nuestra liberación. Que la Eucaristía nos ayude a no preocuparnos sino a ocuparnos de todo aquello que esta es nuestras manos para construir una sociedad mejor, eso es lo que significa estar en «vigilia y oración». Amén.

 

 

 

 

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