Inoportunos e ininteligibles

Juan Pablo Arreola Torres

Debemos aceptarlo, con el arribo del gobierno morenista encabezado por López Obrador, existe un marcado proceso de incongruencia en la política lo que refleja una comunicación incompleta, por llamarlo de esta manera. Pero la cualidad presidencial no es un don que sus seguidores están muy lejos de poder lograrlo, ni siquiera copiándolo, lo que no se les dio, ni con gárgaras.

Hoy abordamos este tema pues legisladores locales destacan no respetar la congruencia, su inoportunidad y su discurso ininteligible inmediatamente aparece cuando salen a los medios a querer destacar sobre sus demás colegas, pero ellos, sólo se hunden y dejan un embrollo que después no saben cómo aclararlo y en ese caso están: Sandra Amaya, Iván Gurrola y Otniel García, aunque hay otros, el último señalado, ha optado por mantenerse callado, pues el discurso que le prepararon para su campaña a la presidencia municipal lo dejó deshecho políticamente, pues fiel al guion, nunca supo cómo salirse de él, lo que vino a demostrar que no trae nada, si no se lo escriben, pero también tenemos al joven Rigoberto Quiñones, ambos diputados sólo hablan sobre lo que les dieron por escrito, por sí solo no urden nada.

Sus compañeros, ya lo vimos, no saben construir sus mentiras de los que dicen denunciar, pero además son tercos y es cuando quedan en ridículo, lástima, ellos pertenecen a una nueva generación que argumenta ser diferente y están de lo peor, como su partido Morena que no ata y desata y al parecer el propio AMLO no acepta sus comportamientos, así están las cosas.

La congruencia es uno de los requisitos básicos de la comunicación para lograr confianza en cualquier tipo de relación, política, económica, social o mediática. La armonía entre lo que se piensa o se hace es el enlace efectivo, por lo tanto, es bien valorada por la sociedad.

Así al haber confianza, se fortalece la credibilidad y la reputación.

Sin embargo, la incongruencia no debe entenderse como la coherencia lógica o emocional. Tampoco debe aceptarse como resultado de una comunicación persuasiva, todos hemos mentido en algunas partes de nuestra vida, aunque no lo queramos aceptar.

La incongruencia es un mecanismo natural de defensa, al igual que la mentira.

Mentimos, manipulamos, nos contradecimos, ocultamos información. La conveniencia y el instinto de sobrevivencia, son dos razones que alimentan este tipo de conductas, actitudes y expresiones. Pero ojo, debe haber límites, como en todo.

Así pues, para reducir la incongruencia el marco ideal es la Ética, que tanto es ninguneada y pisoteada. Los valores y convicciones no son obstáculo para cambiar de opinión. Tampoco impiden la corrección de las acciones anunciada, (AMLO) o en proceso cuando hay una justificación personal o colectiva que así lo justifique. Lo que la práctica política no lo permite, aunque sí es que, en la percepción ciudadana, el personaje político que cae dentro estas debilidades debilita su popularidad y acrecienta la desconfianza en él.

En este sentido hay qué señalar que el engaño burdo, cínico y reiterado no son tolerables y este es el caso de Las mañaneras, que en los hechos es una distracción con puras mentiras, para desviar la atención de la sociedad de los graves problemas que la aquejan como la inseguridad, la falta de medicamentos, el desempleo a lo que debe agregarse la fuga de reos de los reclusorios. Pero entendemos que la estrategia de las mañaneras, donde sólo él informa y como le pegue la gana, está diseñada para un público que poco se informa o reflexiona de lo importante.

El autoritarismo, la demagogia y el populismo son los lastres para los gobiernos democráticos, aunque también lo son la inequidad, la desigualdad y la corrupción, la que se dice ya está erradicada de las primeras esferas, lo que es improbable.

La comunicación política es más efectiva cuando las palabras están sustentadas en acciones y resultados muy concretos, lo que hoy por hoy no es así. No deben olvidar todos los políticos que los errores, los conflictos y las crisis se pueden superar si se actúa valorando lo que se dice y se promete.

Lo que más se observa dañino es que los políticos en su narrativa, jamás deberían separar la realidad de su discurso o viceversa, porque el discurso y el discurso y el hecho son más sólidos cuando van tácticamente ligados. AMLO pierde de vista que no sólo hay que mantener el poder sino lograrlo con la confianza y credibilidad.

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