La auténtica 4T

Acostumbrado, desde antes de asumir la primera magistratura, a poner sobre la mesa los temas de la agenda nacional, Andrés Manuel López Obrador ha visto con desprecio y desdén la aparición de un movimiento reivindicatorio de los derechos humanos de las mujeres, motivado por los lamentables feminicidios que han venido a engrosar la estadística de mortalidad en ese rubro.

Los movimientos sociales que se han generado en el actual sexenio levantas sospechas en AMLO. A la Caminata por la Paz decide no recibirla en Palacio Nacional para “no hacer show”. A las manifestaciones para exigir justicia por los asesinatos a mujeres, en primera instancia pidió no tratar el tema en la mañanera para que no opacaran el tema de la rifa del avión. Días después se pronunció por que las manifestantes no borroneran las puertas de Palacio Nacional. Posteriormente, improvisó su lamentable decálogo. En su reciente visita al municipio duranguense de Tamazula al ser cuestionado sobre si tenía algún plan contra el feminicidio, respondió: “Garantizar el bienestar material y del alma, fortalecer los valores, hacer ver que solo siendo buenos podemos ser felices. No hacer lo mismo que los conservadores”.

En las redes sociales la noticia de la marcha para el día 8 y el paro para el día 9 se volvió tendencia casi de manera instantánea. Penetró de manera orgánica en diferentes estratos de la sociedad en medio de un contexto de dolor e impotencia ante los recientes y fatídicos casos (Fátima e Ingrid).

Lamentablemente lo único que despertó en el primer mandatario fue el “sospechosismo” que ve en este movimiento una conjura de los conservadores y evoca, en el colmo de la paranoia, al golpe de estado contra Salvador Allende o al derrocamiento de Francisco I. Madero.

Es verdad que el movimiento servirá de pretexto para que se sumen antichairos o “fakeministas”, o peor aún, para que algunos partidos traten de sacar raja política. Sin embargo y por fortuna, se pueden distinguir rasgos de ser una manifestación genuina que pretende fincar los cimientos para un cambio cultural de amplio aliento que pueda hacer frente a un problema que no es nuevo y que ha crecido considerablemente.

En contra parte, el gobierno federal se ha limitado a descalificar la lucha de las mujeres, situación que a todas luces representa, hasta el momento, su error más grande. Ha preferido utilizar la narrativa del descrédito y la sospecha en lugar de prodigar palabras de condolencias a los familiares de las víctimas o a la sociedad.

Al tachar a las mujeres de “conservadoras” o de ser una causa promovida por la “derecha” en realidad lo que hace es insultar y minimizar a cientos de mujeres que se cohesionan y se sienten identificadas por la impotencia, el dolor, la solidaridad y la rabia ante un sistema y una sociedad que las ve y las trata como una minoría.

Resulta impostergable y necesario el promover acciones que den resultados en el corto plazo para detener esta violencia desmedida que a todos nos preocupa. Es a todas luces injusto lanzar culpas al gobierno actual, como también lo es el responsabilizar a administraciones anteriores.

El 8 y 9 de marzo del 2020 será, todo hace suponer, el inicio de un cambio trascendental en la historia de nuestro país. Esto si se puede considerar como la cuarta transformación.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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