La buena, y la mala

La sesión en la que los diputados de derecha y democráticos se gritaron de todo, nos dejó a millones de ciudadanos pasmados. Es un reflejo del deteriorado nivel cultural y político de nuestros legisladores federales. Y pensar que por decir vulgaridades ganan un dineral, mientras en la zona indígena los niños y los ancianos fallecen por desnutrición.

Si quitáramos de las intervenciones en tribuna, los adjetivos, insultos, obscenidades, calumnias, quedaría un discurso desnudo, inútil, vergonzoso. Escuché a una diputada del PAN, hablando majaderías, sin el mínimo contenido argumentativo, diciendo cosas que no entiende, que no sabe, y, por lo tanto, hacer alarde de ignorancia, creyendo que con una ingrata perorata sustituye al discurso parlamentario.

Una diputada conservadora le dijo no menos de cinco calificativos de alto calibre contra el doctor Gatell, ni un solo argumento, habría que preguntarle a esta mujer, formada en las escuelas confesionales, si eso le enseñaron los curas y las monjitas, y aún más, si se siente orgullosa de que la vean sus hijos, o sobrinos, o si con este discurso, piensa pasar a la historia parlamentaria de nuestro país. Por cierto, es una diputada que fue sorprendida dándose un faje con su novio en tribuna del Congreso, hace tiempo, es de las que saltan de legislatura en legislatura.

Los democráticos cayeron en la provocación de la derecha y respondieron igual, sin atinar que con un cambio de estrategia podrían haber acabado con el lenguaje soez de la derecha, que confiada, porque antes de hablar en tribuna, hacen gárgaras con agua bendita.

Es parte del deterioro político que trajo el método neoliberal del pragmatismo, que bien podría definirse en dos palabras, “la ignorancia al poder”, o bien “el oportunismo al poder”. Diputados y senadores que por el simple hecho de serlo se creen iluminados, inteligentes y hasta bellos.

Podrán votar a favor o en contra de iniciativas que favorezcan o no a los mexicanos, pero con ese discurso no nos representan, nos avergüenzan. Ojalá los ciudadanos les exijamos que sean dignos miembros de congresos federales o locales, no se les paga (y se les paga muy bien), por ser prototipos de la vulgaridad.

Lamentablemente, los llamados “dirigentes” de los partidos no dirigen a nadie, no son ejemplo de nada, son grillos de derecha o izquierda, o de “izquierdecha”, vividores que no son capaces de defender su proyecto, ni al presidente, dan chamba a quienes en 2018 le pegaron duro a López Obrador.

En Durango, tuvimos una noticia buena y otra pésima. En nuestro estado, llegaron a cero el número de secuestros. Esto es un gran mensaje para el turismo nacional y extranjero, para los inversionistas y los empresarios locales, y se le debe reconocer el trabajo a la Fiscalía, al Ejército, Marina y demás corporaciones. 

Junto a esta buena nota, se generó lamentablemente otra mala. Califican a nuestro estado como el más corrupto del país. El presidente de la Comisión Anticorrupción Héctor García, dijo que tenía cien carpetas de investigación, solo saca un caso de un malandrín que cobraba por placas para taxis.

Muy lamentable que haya señalamientos concretos, con datos duros, y no pase nada, nadie actúa, desde diputados o senadores hasta autoridades encargadas de castigar la corrupción hacen mutis, en algunos casos esto huele a tolerancia cómplice.

Eso sí, quieren ser gobernadores, no tienen vergüenza. O no.

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