Fernando Ramírez

La marcha de la incongruencia

Por Fernando Ramírez Guzmán

Para un gobierno que enarbola la bandera de la austeridad republicana, gastar, de acuerdo a estimaciones de analistas, cerca de 2 mil millones de pesos, por concepto de transportación, viáticos, alimentación, compra de utilitarios (gorras, playeras, banderas, etc); para realizar una marcha organizada por el Estado, con el único propósito de satisfacer el culto a la personalidad presidencial y mostrar músculo para las elecciones presidenciales del 2024 es, más allá de ser absurdo, incongruente a todas luces.

Fue un acto movido más por el revanchismo, en respuesta a la multitudinaria marcha del pasado día 13 de noviembre. Tenía como su público meta a sus correligionarios y, sobre todo, a su clientela. A los beneficiados de sus programas asistenciales.

La del pasado domingo fue una marcha convocada, organizada y financiada por el gobierno federal y varios gobiernos estatales. Desde luego que también hubo gente que acudió por su propia iniciativa. Pero fueron los pocos. Fue un acto parecido a los que solía organizar el viejo régimen priísta.

López Obrador se quiso dar el gusto de volver a la calle, a la plaza pública. Como en los tiempos en que era oposición. No quiso trasladarse en vehículo hasta el Zócalo capitalino, prefirió caminar. Darse un baño de pueblo y, quizás, el demostrar que su estado de salud no es tan frágil, como se ha llegado a comentar.

Al llegar la marcha al Zócalo, el discurso. No aprovechó AMLO el marco que le favoreció la movilización grosera y la coerción para obligar a funcionarios y a beneficiarios a la asistencia al magno evento, para preparar un discurso que hubiera estado a la altura. Solo frases huecas y repetidas. Lo que dice a diario en las mañaneras. Si acaso llamó la atención el nombre que utilizó para definir su visión y misión política: “Humanismo mexicano”.

En la parte final de su discurso en el Zócalo, el presidente de México señaló: “La política es, entre otras cosas, pensamiento y acción. Y aun cuando lo fundamental son los hechos, no deja de importar cómo definir en el terreno teórico el modelo de gobierno que estamos aplicando. Mi propuesta sería llamarle humanismo mexicano, porque sí tenemos que buscar un distintivo”.

Postulado tan hueco como folclórico, al igual que su nombre, el humanismo mexicano, que recuerda el liberalismo social que inventó Salinas para camuflar el concepto de neoliberal, parece un disfraz para definir al populismo. Es un eufemismo más que se suma a otras invenciones como Honestidad valiente, la república amorosa o la cuarta transformación.

Un discurso plano, hueco, anticlimático, nada memorable. Fue el colofón de lo que terminó siendo una vitrina de vicios y malas prácticas de tiempos pasados. Un evento mesiánico, con descarada ostentación de recurso público para sacarlo adelante en un país en donde se recorta el insuficiente recurso para las artes y la ciencia.

Algunas situaciones que se presentaron y que formaron parte del color de la marcha: Adán Augusto coordinando la llegada de camiones, Marcelo Ebrard recibiendo un escupitajo en el rostro, Epigmenio Ibarra descompensado y al punto del infarto, Claudia Sheinbaum repartiendo víveres. Hubo de todo. Bueno, casi. Faltó decoro, prudencia, austeridad, congruencia y estatura política.

En resumen, fue la marcha de la incongruencia.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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