La resaca del 8 y el 9

Vamos a recordar, el fenómeno del día 8 de marzo en el estado de Durango, como sabemos, las mujeres que fuimos, pudimos presenciar, el pasado domingo una situación fuera de lo común, pues por primera vez se realizo una marcha feminista, esta fue convocada por una pequeña colectiva feminista las que no arden, la asociación civil si hay mujeres en Durango y la asamblea feminista de mujeres organizadas de Durango, fue un pequeño cartel que se empezó a difundir por medio de redes sociales y en grupos de wats, pero nunca se pensó un numero estimado de personas, que pudieran asistir a dicha marcha, fue un despertar de conciencia y el cambio de discurso, que logró gran convocatoria, pero no solo en Durango capital pues también en la laguna las mujeres se organizaron y salieron a marchar. 

En la capital, más de 1000 mujeres de todas las edades, hartas y cansadas de toda la ola de violencia contra ellas decidieron, salir a las calles a protestar con consignas emotivas, con amor, empatía y sororidad, se pudo observar, pañuelos verdes y morados, voces que retumbaban la avenida principal, en donde decían “ni una más, vivas nos queremos” o “aborto si aborto no, eso lo decido yo” pero no solo eso, pues al terminar la marcha, todas las mujeres se aglutinaron y siguieron cantando, expresando coraje y valentía. Ya en el mitin, muchas mujeres denunciaron a sus acosadores por primera vez, pues se sentían seguras con consignas de “yo si te creo” y “no estás sola” las mujeres subían y bajan del templete, se abrazaban aún que no se conocieran, porque eso es el amor en el feminismo, ese día fue memorable todas salieron y marcharon. 

Pero el 9 todas pararon, un día de silencio, un día sin ellas, un día en donde impero el autocuidado y la reflexión. Pues los salones y las oficinas estuvieron vacías porque faltaban  todas. 

El día siguiente, después de un cumulo de emociones, las mujeres pudimos regresar después del paro, pero hay mujeres que no tuvieron la misma posibilidad y las que lo hicieron fue de una forma diferente, pues volvieron más valientes que nunca, con poder, con coraje y sin miedo. 

Lo que se vivió ese fin de semana, trajo consigo una resaca, una positiva, una de esas que no solo da sed, si no una de esas que también da dolor de cabeza y no precisamente a las mujeres que tomaron unas cuantas copas de feminismo. 

Pues las alumnas de diferentes instituciones y niveles académicos, valientes y combatientes, se organizaron y decidieron rebelarse contra ese sistema, ese lleno de misógina, machismo, acoso sexual, acoso laboral, ese sistema que normaliza la violencia contra ellas, de una forma nada tradicional y hasta incomoda, pues exhibieron a sus agresores utilizando como arma pluma y papel. 

Un fenómeno, que causo un despertar de conciencia y que fuera visible una realidad oculta, estos tendederos, lograron posicionar varios temas, la violencia que existe hacia las mujeres a lo largo de la educación, la incapacidad de algunas instituciones para manejar esta situación y el miedo que sintieron los agresores por aparecer en alguno de los tendederos.

Se ha demostrado en estudios que si encuentras un factor común en el 80%, entonces te basas en ese ochenta, pues representa toda tu población y dejas de un lado el 20% de los datos, con esto me refiero que en los tendederos, es claro que hubo algunas denuncias que fueron falsas, pero no por ello se tienen que desacreditar o desechar las otras al contrario se tiene que priorizar, pues muchas mujeres se atrevieron a escribirlo en un papel o con sus compañeras al mandar por medio de un mensaje la denuncia y con ese simple hecho ya dieron un gran paso,  pues las situaciones a las que te enfrentas son difíciles.  

Es necesario un protocolo para todas estas chicas que rompieron el silencio, pues ahora por hacerlo las señalan y las amenazan, los agresores o los administrativos e incluso directivos de las instituciones, cuando debería ser diferente, cuando se esperaba apoyo y protección. Pues en vez de eso, las revictimizan, dudan de sus palabras y las ponen en una posición en donde si no hay pruebas se irán contra ellas por mentirosas. 

Como si fuera fácil o sencillo relatar tu agresión, pues si lo haces a través del formato que te brinda la universidad, tienes que recordar en cada momento tu agresión, tienes que escribirla bien, tienes que pedir ayuda a tu amiga, o contarles por primera vez a tu familia que fuiste víctima de una violación y por ello tienes que exponer no una, no dos, si no varias veces tu agresión. 

Tu que enviaste tu queja al correo y que la respuesta absurda fue que no coincidía el nombre de quien la presentaba con el nombre de quien la envió, te digo aquí no se acabó, eres valiente tu hiciste lo que se debías, lo demás lo dejamos en las manos de las personas que tienen la obligación de atender estas denuncias.

Y a ti que, al momento de escribirla, te quebraste, lloraste, entraste en crisis y se lo contaste a tus padres y me dijiste que no estabas lista, que no eras valiente y que no te sentías fuerte, te digo que aquí seguiremos esperando, cuando estés lista, cuando tu lo decidas, cuando quieras contarlo. 

Y ti directora, ahora te toca actuar, pues cuando se acercaron a ti para darte la queja, decidiste no hacer nada, preferiste no enfrentar al maestro, pues es claro que para ustedes es conveniente que esos casos se queden en la institución como un asunto interno y que no trascienda, pero debería de tener miedo, pues algunas de las mujeres valientes al ver el nulo apoyo de las autoridades, decidieron no agotar instancias, si no saltarlas e ir directamente a la denuncia formal y aunque no lo hicieron todas, aquí estaremos las que lo hicimos para darle acompañamiento a las que faltaron. 

Autoridades no hagan caso omiso y no dejen que este tema quede enterrado, atiéndanlo es su obligación, pues es el momento de hacer la diferencia y de reivindicar la deuda que tienen con todas las víctimas y evitar las victimas potenciales si no hacen algo. 

Claro que deberían de tener miedo, pues las mujeres no estarán más calladas ni pasivas y a ustedes mis hermanas no bajar la guardia, pues la lucha es de todos los días.  

Yo ya denuncié, ¿y tú?

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