Legisladore(a)s ¿caerán en el chantaje de la ideología de género?

Por Víctor R. Hernández

Se pospuso por unos días más el debate y la definición en el Congreso del Estado, la exigencia de un juez federal de someter a votación la petición de grupos minoritarios de integrar a nuestro Código Civil la figura de matrimonio igualitario.

La narrativa de victimizarse al no otorgarles el derecho al matrimonio homosexual, pareciera que sigue haciendo estragos en algunas y algunos legisladores del PRI, quienes tienen en su cancha el futuro de esta necia figura.

Por ello, aprovechando este espacio de unos días más, pretendo aportar algunos elementos sobre el marco en que se inscribe dicha petición, que es sólo un capítulo de su proyecto de largo plazo, que es el de deconstruir el concepto de familia, de hombre y mujer y de matrimonio.

1.- Antecedentes y proyecto de la ideología de género

Los partidarios de la ideología de género se apoyan en el pensamiento de los teóricos de la revolución sexual como Wilhelm Reich o Herbert Marcuse, en algunos estructuralistas sociales, y en las propuestas de existencialistas ateos como Simone de Beauvoir.

Si nuestros legisladores y legisladores quisieran investigar un poco, encontraría que W. Reich y H. Marcuse, entre otros autores, pretendieron sintetizar las enseñanzas de Marx y de Engels [Entre las obras marxistas sobre la sexualidad y la familia es fundamental la obra clásica de ENGELS, F., Der Ursprung der Familie, des Privateigentums und des Staates (El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, 1884)] por una parte y de Sigmund Freud por otra, teorizaron sobre la lucha de sexos entendida como lucha de la clase oprimida (la mujer) frente a la opresora (el varón); un instrumento para liberarse consistía en experimentar todo tipo de situaciones sexuales [Así lo expone MARCUSE en su obra de 1955 Eros y civilización. 

Por su parte REICH, W. lo expuso en diversas obras, entre las que podemos citar La revolución sexual (1945)]. Las influencias estructuralistas se fundamentan principalmente en las teorías deconstruccionistas de Jacques Derrida [Cfr. su libro Desconstrucción y pragmatismo, Trad. M. Mayer y I.M. Pousadela. Buenos Aires, Paidós, 1998]; teoría que el mismo aplicó a la sexualidad en algunas de sus obras [Por ejemplo en su artículo “Ser justo con Freud. La historia de la locura en la edad del psicoanálisis”, en VV. AA., Pensar la locura. Ensayos sobre Michel Foucault, Trad. J. Piatigorsky. Paidós, Buenos Aires-Barcelona-México, 1996)].

Más directamente aún influyó en el feminismo de género la citada Simone de Beauvoir, tanto por su producción literaria que nos permiten calificarla de existencialista atea, como por su implicación directa en el movimiento feminista.

2.- Feminismo de género

En el campo abonado ideológicamente con los precedentes anteriores germina en los años posteriores a las convulsiones revolucionarias ligadas de algún modo con el mayo del 68 francés el movimiento feminista de género.

Engels había escrito: “El primer antagonismo de clase de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en el ámbito del matrimonio monogámico y la primera opresión de clase con la del sexo femenino por parte del masculino” [ENGELS, F. The Origins of the Family, Property and the State, International Publishers, New York 1972, pp 65-66] Se trata de afirmaciones que coinciden en gran parte con el primer movimiento feminista que pretendía la eliminación de los privilegios masculinos.

En la década de 1970 surgen planteamientos que pretenden superar esa postura. Un ejemplo es lo que escribió Shulamith Firestone en su obra The Dialectics of Sex: “Para garantizar la eliminación de las clases sexuales es necesario que la clase oprimida se rebele y tome el control de la función reproductiva… por lo que el objetivo final del movimiento feminista debe ser diverso del que tuvo el primer movimiento feminista; es decir, no exclusivamente la eliminación de los privilegios masculinos, sino de la misma distinción entre sexos; así las diferencias genitales entre los seres humanos no tendrían nunca más ninguna importancia” [FIRESTONE, Sh. The Dialectics of Sex, Bantam Books, New York 1970, p. 12].

Tanto ella como otras activistas de esa época (como Nancy Chorodow, Alison Jagger o Christine Riddiough) pensaron que el núcleo de la opresión de la mujer se encuentra en su papel de madre y de educadora de los hijos. Por tanto habría que liberarla de una y otra tarea. Por eso afirman que convendría promocionar la contracepción, el aborto y otros modos de dominar el propio cuerpo en lo que respecta a la reproducción. De esa manera la humanidad se reapropiaría de “su sexualidad natural caracterizada por un pluralismo polimorfo” [JAGGER, A., “Political Philosophies of Women?s Liberation” en Feminism and Philosophy, Littlefield, Adams & Co., Totowa New Jersey 1977, p. 13]. Además, el Estado debería cargar con el peso de la reproducción y la educación de los niños.

3.- Alianza feminista con homosexuales

Como el objetivo previsto tenía muchos puntos de contacto con las pretensiones de los movimientos homosexuales, se pensó unir los esfuerzos feministas de género con los movimientos homosexuales.

Y, para evitar el rechazo que pudieran suscitar estas ideas si se vieran como un ataque frontal a la familia, surge la idea de no rechazar el concepto mismo de familia, sino de modificar su significado de manera que puedan caber otros modos alternativos de familia distinta a la formada por un hombre y una mujer con sus hijos. Esos modelos se pretenden presentar como alternativas igualmente válidas. Por ello, se reivindica su legalización social y jurídica como una exigencia de la tolerancia y de la igualdad de derechos.

De ahí el discurso elaborado y calculado, de discriminación. ¿Por qué no aceptan otra denominación a su sociedad? Porque, primero tienen que triunfar ideológicamente contra el cristianismo, y de paso, vaciar de su contenido palabras como aborto (ahora llamándolas interrupción del embarazo) y matrimonio.

Para ellos, los grupos lésbicos, es más importante destrozar la palabra matrimonio, que los supuestos beneficios que se obtienen con esta figura. Ellos saben que si se les legisla con otro nombre, obtendrán los mismos beneficios, pero perderán la lucha ideológica que iniciaron desde principios del siglo pasado.

Investigue con seriedad, señoras y señores legisladores y me darán la razón, por encima de lo que diga la Suprema Corte o un juez. No pueden darle una respuesta política, a una barbaridad ideológica.

 

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