Mejor quedémonos en casa

Fernando Ramírez G.

Hemos sido testigos, a través de las redes sociales y los medios de comunicación convencionales, de los estragos que está provocando el coronavirus a nivel mundial. De cómo algunos países han ido recrudeciendo las medidas preventivas para evitar contagio entre la población.

También hemos sido testigos aquí en nuestro país de cómo la sociedad civil organizada, las cámaras empresariales y algunas organizaciones no gubernamentales han rebasado la pasividad de un gobierno federal que marcha a un ritmo desesperadamente lento para dictar medidas generales de prevención.

De manera unilateral, algunos estados del país empezaron a implementar medidas de prevención, fomentando el aislamiento buscando disminuir las cifras de contagios entre sus ciudadanos. Pero, también hay que decirlo, presionados por los esfuerzos que grupos de la sociedad civil habían ya anticipado.

Aquí en Durango los colegios privados se anticiparon a las fechas oficiales para mandar a los niños y jóvenes a casa y establecieron estrategias para dejar tareas, o bien, en algunos casos y niveles escolares, trabajar en línea o subir trabajos a plataformas digitales.

De igual forma, algunos establecimientos de alimentos pusieron en marcha estrategias para solo brindar el servicio para llevar o de envío a domicilio, o el restringir la entrada simultánea de varios clientes al mismo tiempo, además de establecer algún cerco sanitario básico en la entrada de los locales.

Por fortuna para los duranguenses, el Gobierno del Estado y el municipio de Durango han salido a fijar una postura y a bajar entre la población medidas de observancia a nivel general para contener las cifras de contagio y para contrarrestar el impacto en la economía que esta pandemia lleva emparejado debido al “encierro” al que por cuestiones de sanidad nos han conminado a llevar a cabo.

El gobierno del estado de Durango ha suspendido actividades no esenciales; ha implementado un rol de guardias y los funcionarios que no asistan trabaran desde su hogar (Home Office); asimismo ha suspendido eventos de carácter público; dio a conocer un paquete de acciones a favor de la economía y protección del empleo; implementara un plan de contingencia para el sector informal, por citar algunos. El municipio de Durango, por su parte, ha instruido el cierre de bares, casinos, antros y centros nocturnos; dejará de extender permisos para actos masivos; ha pedido a restaurantes, fondas y cafeterías que permitan el ingreso al 25% de su afluencia y que promuevan los servicios de comida para llevar y de entrega a domicilio, por mencionar algunas.

En cambio, del gobierno federal, además de las medidas de higiene y de la suspensión de clases, solamente han difundido el tema de la sana distancia (Susana Distancia), los lamentables y genuflexos comentarios del subsecretario de Salud López Gatell sobre la fuerza moral del presidente y la imagen de las mañaneras de ver al secretario de Salud, Jorge Alcocer Varela, sentado, sin emitir ningún comentario.

Finalmente, el presidente de México sigue empecinado en minimizar la pandemia. Sigue sin suspender sus actos masivos, continua saludando de mano y beso, a pesar de las medidas de todos conocidas. Un personaje con su popularidad y con su investidura, uno supondría, debería de ser enfático en mandar señales para evitar que se extienda el contagio y dar algo de certidumbre en medio de este clima de angustia y miedo.

A ojos de la prensa extranjera su comportamiento  provoca sorpresa por tomar las cosas tan a la ligera. Se expone y expone a sus seguidores. Es el primero en no acatar los dictados de Susana Distancia. Y, por si fuera poco, ha permitido la Consulta Ciudadana para que no se instale la planta de Constellation Brands en Mexicali, medida que impactará aún más a nuestra tambaleante economía. Se expuso a la gente que salió de sus casas en aquella ciudad para emitir su voto y, además, será el resultado de esta consulta un golpe a la confianza que pudieran tener del país  los inversionistas extranjeros.

Ojalá y logran convencerlo de tomar este momento con mayor responsabilidad y asuma su rol como líder en esta contingencia y el primer paso es predicar con el ejemplo.

Por lo pronto quedémonos en casa y evitemos la propagación del coronavirus.

Como cuando Gabriel García Marquez narró las vicisitudes de un contagio que se generó en Macondo en su clásico “Cien años de Soledad”:

“Cuando José Arcadio Buendía se dio cuenta de que la peste había invadido el pueblo, reunió a los jefes de familia para explicarles lo que sabía de la enfermedad del insomnio, y se acordaron medidas para impedir que el flagelo se propagara a otras poblaciones de la ciénaga… Tan eficaz fue la cuarentena, que llegó el día en que la situación de emergencia se tuvo por cosa natural, y se organizó la vida de tal modo que el trabajo recobró su ritmo y nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre de dormir.”

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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