¿Mujeres conspiradoras?

Antes de abordar el tema de hoy, hay que resaltar la importancia de que el gobernador Aispuro Torres, logre para los constructores locales la construcción del mayor número de obras posible, es de justicia apalancar este importante sector para la economía local, lo cual significaría una oportuna inyección al sector comercial en general y el beneficio directo a miles de familias, sin duda es una buena noticia, ojalá que la SCT, Delegación Durango cumpla.

En el Municipio de la Capital, una vez que se han reordenado las cosas, los asuntos caminan lenta pero segura, será importante que se le imprima un mayor esfuerzo en todas las áreas en general y estar muy atentos en dar seguimiento en aquellos asuntos que por lo delicado del tema que se trate, luego les estalla en la cara por falta de previsión, por lo pronto asemos votos porque mantengan un ritmo ascendente, por el bien de los capitalinos.

Entremos al tema, el movimiento femenil en contra de los feminicidios inició y siguió creciendo sumando cada día más mujeres y más organizaciones, desconocemos por qué el presidente López Obrador no lo encabezó, el caso es que desde su inicio lo rechazó, dando a entender que es un movimiento que se estaba gestando en su contra, cuando no era cierto, lo que sí, hay que subrayarlo, es que le ha venido a quitar foco a las “mañaneras”, atentando a la popularidad presidencial lo que no es de su agrado.

Quizás haya otras lecturas, y ese afán por persistir en contra del movimiento, más aparece como una forma de distracción, para no ver todos los problemas que azotan al país. 

Recordemos que el año pasado el Presidente mencionó intentos de un golpe de Estado. Lo paradójico son dos cosas: el que ha dado responsabilidades como nunca antes a las Fuerzas Armadas es el propio presidente, quien es el que, al mismo tiempo, denuncia conspiraciones golpistas, el pasado Día del Ejército, el 19 de febrero, agradeció a los mandos militares “no escuchar los cantos de sirenas y dar la espalda al golpismo”.

Durante las pasadas semanas, ante cada reclamo por la inseguridad, por la falta de medicinas, por el desastre operativo que ocasionó el Insabi en el sistema de salud y, sobre todo, por los feminicidios, el Presidente ha denunciado la existencia de “conspiraciones conservadoras”, que son reclamos justos y justificados de sectores de la sociedad.

¿Quién está conspirando e intenta un golpe de Estado? No existen conspiraciones: lo que sucede es que cada crítica, cada movimiento social, cada reacción de la gente contra decisiones políticas del gobierno se convierte en una conspiración conservadora o una herencia neoliberal. No hay autocrítica. Responsabilizar al movimiento feminista de conservador o de explicar que el brutal asesinato de la niña Fátima es responsabilidad del neoliberalismo esta fuera de lugar.

No hay conspiración: hay una inconformidad creciente por malas decisiones del gobierno. Los datos duros ahí están: Gabinete de Comunicación Estratégica muestra tendencias que se repiten en todas las que se han presentado en las últimas semanas. El 43.4 por ciento ve al país estancado y un 25.6 por ciento lo ve retrocediendo. La buena opinión sobre el presidente López Obrador cayó del 48 por ciento al 41.4 por ciento en un mes. La mala es de 23 por ciento, la regular de 35.3 por ciento. La confianza en el Presidente es de 48.3 por ciento, pero la desconfianza ya lo rebasó: es de 49.3 por ciento. El acuerdo con el gobierno ha caído 12 puntos en un mes: cayó del 62 al 50 por ciento. Un 45.5 de los encuestados están en desacuerdo con el gobierno. Para el 58 por ciento, la mayor preocupación es la inseguridad, la economía (10 por ciento) y la corrupción (8.4 por ciento); el 57.6 por ciento cree que disminuirá mucho la calidad de los servicios de salud (una caída de 9 por ciento en apenas un mes), mientras que el 66 por ciento cree que el tema del feminicidio se le está saliendo de las manos al Presidente. 

Cuando el 58 por ciento de la población cree que la seguridad es el mayor problema del país se debe revisar la estrategia. Cuando el 57.6 por ciento cree que los servicios de salud pierden o perderán calidad, hay que revisar la política sectorial. Cuando el 66 por ciento cree que los feminicidios se salen de las manos del control presidencial, no se puede advertir al movimiento feminista de la infiltración conservadora o neoliberal. Cuando cunde el desconcierto y crece el desafecto, un gobierno, sobre todo cuando aún mantiene índices de aceptación como el de López Obrador, debe rectificar, no inventarse teorías de la conspiración.

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