Mujeres y un presidente insensible

¡Felicidades! Al periódico Victoria de Durango por sus 25 años de estar informando, orientando y divirtiendo a los duranguenses y hago extensiva esta felicitación a todo el personal de reporteros, diseñadores, impresores, repartidores y personal administrativo.

Desde aquella magna manifestación del 68 donde participaron estudiantes de la UNAM y el Politécnico a quienes se unieron todas las instituciones de educación superior, no se había visto una marcha de la magnitud que presenciamos el domingo y todos los medios electrónicos dieron cuenta, y hoy, así lo reiteran los medios impresos y claro, el gobierno la minimiza, no obstante haber pretendido frenarla, no lo lograron. Hoy día de paro nacional, Durango parece un día feriado, pues está semiparalizado.

El Presidente insiste en que es un movimiento de los conservadores y los opositores a él, lo que es mentira y totalmente falso y siempre se le dijo que no era un movimiento en su contra sino por la violencia en contra las mujeres y la falta de políticas adecuadas para atender el problema.

El gobernador José R. Aispuro Torres, desde que inició el movimiento siempre mostró simpatía en él y dio todo el apoyo para que la marcha se realizara la cual fue muy concurrida, superando a todas las marchas anteriores desde 1966 y muy superior a la convocada por el Gobernador el sábado 7.

Lo que ocurrió el día lunes es histórico. A pesar de los esfuerzos que se han hecho en años previos, es la primera vez que el llamado a un paro nacional ha permeado en prácticamente todos los espacios de la vida pública. Aún no sabemos los alcances que esto tendrá, pero lo que sí puede sostenerse es que ha puesto en el centro del debate nacional la agenda de los derechos de las mujeres y la urgencia y carácter prioritario que tiene erradicar las violencias en su contra.

El 9 de marzo, lo deseable sería escuchar al presidente López Obrador reconocer que lo hecho hasta ahora es insuficiente; que las coordenadas y contradicciones del país que lo eligió se han modificado y profundizado de manera radical; y que es su voluntad adecuar a su gobierno para responder a este giro fundamental en la conciencia nacional, a favor de la igualdad. Sería importante que el Presidente reconociera la magnitud de lo que ocurre, de lo contario, en la dimensión administrativa poco habrá de moverse y articularse.

Ojalá en los próximos días, el Presidente esté dispuesto a escuchar y modificar su posición en distintos temas; que procesó las demandas de las marchas y el paro, y cuáles de esas demandas son las que tienen mayor capacidad para cohesionar la acción del gobierno y generar respuestas inmediatas; reducir la polarización y, sobre todo, en un gobierno de “un solo hombre”, cómo nos encaminamos hacia una sociedad de auténtica igualdad.

El gobierno enfrentará, en ese sentido, un reto mayor en lo que resta de la administración, pues luego de la innecesaria e incomprensible confrontación que abrió el titular del Ejecutivo en contra de las organizaciones feministas, lo más difícil será recuperar la credibilidad que se ha perdido. Hay que señalar, que su abierto rechazo al movimiento femenil es una de las mayores causales por las que su popularidad ha descendido, precisamente, porque el apoyo de las mujeres ya no es igual y consideramos que con esto que está sucediendo aún impactará más negativamente en las encuestas de opinión. 

Frente a lo anterior, se extraña una postura mucho más afirmativa del Presidente en demandas como la relativa a reconstruir la red nacional de refugios; la de generar una nueva estructura de guarderías del Estado para la protección y cuidado de la niñez; y sin duda, saldar la deuda histórica en los ámbitos de la procuración e impartición de justicia.

A partir de hoy, el gobierno de la República no puede omitir revisar sus políticas, y esto implica desde una red institucional de atención a mujeres víctimas de violencia hasta una poderosa estructura del Estado mexicano para el cuidado y protección de las niñas y los niños.

De no actuar de inmediato, se corre el riesgo de un desencanto profundo con la propuesta de una cuarta transformación del país, porque el enojo es con un Estado autoritario y patriarcal que no sólo no ha erradicado la violencia contra las mujeres, sino que ha funcionado como reproductor y hasta generador de la misma.

Lo conducente sería reconducir todas las decisiones de la administración para construir un nuevo país, donde se erradique la intolerable violencia machista y misógina, sino, sobre todo, garantizar la no repetición, lo cual implica una nueva sociedad igualitaria y respetuosa de los derechos de todas y de todos.

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