No hemos entendido

-Oye mi cabeza de domo, te he visto muy calladito ¿Te sucede algo? -. No Alter, todo está bien; bueno, dentro de lo que cabe. – Y eso porqué. Cuéntame, ya sabes que yo estoy siempre aunque me trates de la patada -. No exageres Alter. Tú eres quien siempre se está entrometiendo en todo lo que hago y la verdad, no me gusta. Pero está bien, te voy a contar. – Sobres. Venga -.

Pues resulta que el pasado domingo se realizó, como has de saber, la marcha conmemorativa del Día Internacional de la Mujer. – Claro que lo sé; si no soy tan barbaján y pelafustán como siempre me andas diciendo -. Muy bien muchachito. – Y bueno, qué más -.

Pues como bien lo sabes en esta chamba, debes de acatar órdenes sin chistar, así sea fin de semana o día festivo; así que le dije a mi Mandamás que si me acompañaba a cubrir el evento o si la llevaba a su casa y; pues tomo la decisión de acompañarme a uno de los tantos avatares que hay que pasar para comprar las tortillas.

Una vez más, como en otras ocasiones preparé mi grabadora, mi micrófono, mis pilas de repuesto porque ya me ha pasado que…; – por wey se te acaban por no ponerlas a cargar… -; no empieces por favor. – Yo sólo decía -. Pues no digas. 

Llegando al Centro mi hija me dijo que mejor se quedaba tomando un cafecito porque le dolía la rodilla…; – ¿se chingó la rodilla? -; no Zángano, trae un problema en sus articulaciones y le molesta si camina mucho…; – Ah bueno, se chingó la rodilla ¿y luego? -. ¡Ay contigo! Pues me fui al punto de reunión y la verdad, me resultó emocionante ver el ambiente que se generó. Mujeres de todas edades, acompañadas, solas, vestidas de negro en su gran mayoría, y con pañoletas verdes y moradas al cuello, o cubriendo su rostro. Canes también acompañando a sus propietarias. Y todas, todas, con un distintivo que las destacó aún más: El deseo de levantar la voz en contra de la violencia que se está viviendo en la actualidad.

– Es que sí está complicado we. Yo he visto información y entiendo lo que debe ser para ellas. Salir a la calle y aunque vayan solas, siempre van acompañadas por el miedo de ser víctimas de algún, ese sí pelafustán, que las acose, las hostigue, las secuestre, las golpee, las viole o las asesine, sólo por sus…-; déjame seguir a mí. Aunque sí tienes razón en esta ocasión. Yo sé lo que es pasar por eso; y no porque uno como hombre lo viva, sino porque siempre hay alguien muy cerca que ha tenido la desgracia de ser blanco de algún sujeto de esa calaña.

Todo iba bien hasta que, llegando al mitin, después de unos minutos, unas participantes de la marcha llegaron a invitarme, de la manera más amable diciéndome “vete a la verga cabrón, estamos en nuestro espacio”…; no manches, neta así te dijeron -. Sí mi Alter, y la verdad no me espanto. Las sé decir y peores. Lo que llamó mi atención fue una frase muy repetitiva a lo largo de la marcha: “Los hombres nos odian” y que te lo restreguen en la cara directamente  sí cala, porque no creo que se deba, generalizar y difundir una idea errónea; pues más allá de ayudar a un movimiento tan legítimo, pareciera que es una lucha por un reconocimiento de los mismos derechos, de la misma justicia, de las mismas remuneraciones económicas a trabajo “quítate tú para ponerme yo porque ahora yo tengo el poder”.

Y creo que no se ha entendido de qué se trata esto. Quien pretende suponer que esa es la finalidad de la lucha feminista, se está distorsionando porque he platicado con un sinfín de mujeres feministas y coinciden que no es esa la finalidad. Incluso en el pliego petitorio que leyeron públicamente exigen que se garanticen todos los derechos para las mujeres. Y por ningún lado habla de ir contra los hombres, porque entre quienes deben garantizar esos derechos, también hay mujeres que re victimizan a las mujeres. Existen ministerios públicos mujeres; hay mujeres policías que agreden a las mujeres; hay magistradas que actúan en contra de las mujeres; es decir, aunque no se compara la violencia de un hombre para con una mujer, hay mujeres que están en esta lucha y que saben que no todos los hombres las odiamos, que no todos los hombres las agredimos, las violamos, las secuestramos, las golpeamos ni las asesinamos. Incluso hay hombres que actuamos a favor de sus luchas. 

Quizás muchos hombres no hemos entendido del todo, pero tampoco muchas mujeres. Esta no es una guerra para ver quién la gana. Es una lucha por la equidad y no por la separación de hombres y mujeres. Es muy destacable y aplaudo, aunque quizás les importe muy poco si les aplaudo o no, que las mujeres estén saliendo a gritar. Qué bueno que rompan, que pinten, que rayen. Qué bueno, porque es la única manera en que las hemos escuchado, en que se han visibilizado. Qué bueno que nos mienten la madre al género masculino, porque por algunos, pagamos todos aunque siempre tratemos de estar en la misma sintonía de su lucha. Ojalá que algún día las condiciones en las que nos ha tocado vivir cambien de manera real, porque yo tengo la responsabilidad de tener tomada de la mano, por el momento, a una adolescente a la que no me gustaría que nadie le hiciera daño nunca. 

– Oye we, no es que te distraiga, pero ya se nos acaba el espacio. Sólo quiero hacerte una pregunta -. A ver dime. – ¿Sí te fuiste a donde estas chavas te mandaron? Porque si a mí me hubiesen mandado hasta el lugar al que a ti te mandaron, yo les hubiera dicho que yo no llegaba tan allá, que sólo llegaba hasta la chingada…-; mendigo Zángano, siempre con tus cosas. Vámonos ya.

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