No lo vuelvo a hacer… se lo prometo (II)

Por Marco Antonio Espinosa López

Resplandor entre rejas LX

(Toda esta plática estuvo acompañada de un doloroso llanto por parte de este adolescente)

– ¿Tiene resentimiento contigo tu mamá? ¿Tú lo has visto así? * Pues no, no tiene resentimiento.

-Por tus hechos, ¿Por lo que tú haces? * No, a la contra, me ha echado la mano. Nunca me ha dejado solo; porque aunque parezca que no, aquí me da su atención, si no ni vendría a verme.

– ¿Pero porque estás aquí adentro y allá afuera no te la daba? * Afuera le importaba poco si llegaba o no llegaba. Duré semanas sin llegar; estuve dos semanas sin llegar mi casa.

– ¿Y en dónde andabas? * En un hotel, me quedaba en un hotel; limpiaba carros y luego iba a pagar el hotel y luego sacaba lo de la comida, y al siguiente día lo mismo, y así me la llevaba. Para no aburrirme me iba a dar una vuelta al centro, a desaburrirme a las maquinitas de ahí del centro del Excuartel.

– ¿Te ayudó el tiempo que estuviste fuera de tu casa? * Pues me di cuenta de varias cosas porque llegando sí… Pues sí le afectó en algo, pues porque duré tiempo sin llegar y aunque yo pensaba que no me iba a buscar me anduvo buscando, pero en la policía como “El Mercadito” (delegación de policía); así, en partes chicas, en el COMI (CERTMI) en las torres (Fiscalía), nomás llamaba para ver si estaba allí.

– ¿Por qué te trajeron? * Por robo. – ¿Qué te robaste? *  Joyas de oro y de plata. – ¿De dónde?  * De una casa. Bueno, yo los mandé; traía muletas, me quebraron el pie con un bat. – ¿Por qué? * En una riña.

– ¿Y mandaste a las otras personas, los agarraron y te culparon a ti? * Sí, éramos tres. Los tres caímos aquí. Bueno, éramos cuatro, tres caíamos aquí y otro al Cereso; pero el del Cereso no duró ni dos semanas ahí y salió. Luego el más chiquillo que venía con nosotros dijo que yo lo había amenazado, pero cómo lo iba a amenazar si traía muletas. Dice mi mamá que si no hubiera querido no hubiera ido.

– ¿Te arrepientes de todo esto? * Sí, la verdad sí; en vez de estar aquí pudiera estar arreglando las cosas con mi mamá, con mi hermana; y a la vez no, porque aquí me ponen atención.

– ¿Tú preferirías quedarte aquí? * Sí. – Al menos cada ocho días estarían contigo. * Sí. – ¿Y si ya no vinieran? * Pues ni modo, así fue, así pasó, así suele pasar.

– Pero si estás aquí adentro y pretendes cortarte las venas, como que no le veo el sentido ¿Quieres estar aquí y quieres matarte? * Eso desde chico lo había pensado, nunca se me sale de la mente.

– ¿Quitarte la vida? * Sí. Yo sé que Dios nos da la vida y él decide cuando quitárnosla.

– ¿Ese es el ejemplo que quieres darle a tus hermanos? ¿Qué ejemplo quisieras darles a tus hermanos? * Pues que no anduvieran robando, que mientras puedan vayan a la escuela a echarle ganas, que la vida sigue y si cometen un error pues se pueden levantar.

– ¿Y por qué no empezamos por hacerlo contigo? ¿Por qué no te das cuenta que cometiste un error y que puedes salir de ese error; que puedes levantarte? Que puedes hacer muchas cosas y ser un ejemplo bueno para tus hermanos. Hay que sacarnos de la cabeza esos pensamientos. ¿Qué haces cuando te sientes así? ¿Te acuestas? ¿Te aíslas? ¿Te vas a la esquina? * Sí.

– No sé si tú consideres amigos a los que están aquí, tus compañeros, pero hay muchos, acércate con ellos. Ni solo ni con nadie presente. Yo no quiero que lo hagas y tú lo sabes, yo se los he dicho infinidad de veces, yo estoy aquí porque los aprecio, porque los quiero, porque me interesan. ¿Tú crees que si no me interesaran iba a venir a perder mi tiempo con ustedes? * No.

– A mí me interesan y esto es lo que yo busco, que a lo mejor allá afuera alguien oiga y digan “oye a lo mejor esto es lo que tú estás haciendo con tus otros hijos”; y no propiamente tu mamá, sino la gente que está allá afuera y que sea como tu mamá; que no hay que culparla, ella necesita trabajar, mantener a tus hermanos, ¿no? * Sí.

– Pero a lo mejor sí hay quien lo hace porque se les ocurre descuidar a sus hijos y, escuchándolos a ustedes, puede ser diferente. Y no necesitas tener esos pensamientos. Sí necesitas hablar, háblame, a la hora que necesites platicar, que tengas estos pensamientos, háblame. Me preocupa que te aísles y que siempre estés aislado y nunca me había dado cuenta qué es lo que buscas hacer.

Y sé que es difícil porque lo he visto el tiempo que llevo con ustedes; es difícil la vida que llevan ustedes de encierro, pero yo veo que hay buenos chavos, refúgiate con ellos; refúgiate con Dios. Refúgiate contigo.

Yo confío en ti y en mí tienes un amigo; más que su profe yo les dije, yo vengo a ayudarlos, ¿Cómo? No sé. A lo mejor el pretexto perfecto fue esto del taller de radio, pero yo quiero ayudarlos y quiero ayudarte también ¿Estamos? ¿Me lo prometes? * Sí. No lo vuelvo a hacer ni lo vuelvo a pensar, se lo prometo.

*Tomada del libro: Espinosa M.. (2015). Resplandor entre rejas. México D.F.; Benito Juárez, SNTE.

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