🖋️ Opinión | ¡No se haga wey!

-Oye we; te puedo preguntar algo y me lo respondes con toda sinceridad…; Simona la Respondona mi Alter ¿Qué se te perdió? Suelta. – No pues es que hace mucho tengo la duda de por qué siempre me andas ninguneando. Siempre me humillas. Siempre me “buleas”. Siempre me estás atacando y la verdad, no entiendo por qué lo haces; si desde hace muchos años he estado a tu lado, siempre apoyándote, cuidándote, incluso, poniendo no una, sino mis dos mejillas para protegerte…-; cálmate San Alter de los Desprotegidos. Por qué siempre andas haciéndote la víctima mendigo Pelafustán. Y no digas que me cuidas y me apoyas, porque la neta vamos a terminar mal; Yo soy el que siempre tengo que andar cuidando que no hagas las tonterías que sólo tú sabes hacer.

– ¡Ay sí! Como si tú nunca hubieras hecho cosas; como si nunca hubieras dicho algo fuera de lo normal…-; nadie está diciendo que no, pero tú eres experto, con maestría y doctorado, en estupideces, babosadas, irreverencias y cosas que se le parezcan.  – Eres muy injusto e ingrato conmigo. Pero a ver sólo quiero que me digas si te crees acá el muy sabroso, sólo porque fuiste a la escuela y yo aprendí en la calle -. No manches. En serio que eres muy mamila mendigo Haragán; y no, no me creo muy sabroso por eso. De hecho, no hay mucho de qué creerme, porque nunca fui un estudiante muy destacado…; – jajaja eras burro…-; nunca dije que fuera burro, jumento; dije que no fui destacado, eso es muy diferente.

– Oye. Nunca hubo casos así en los que hacías algo medio peliagudo y buscabas la manera para que en tu casa tus Jefecitos, no se enteraran o, por lo menos, que no se enteraran en el momento y, así, prolongar tu agonía -. Jajaja chale Mequetrefe, tú siempre me andas queriendo balconear; pero sí. No una, sino muchas veces hice eso que dices. – Me cuentas una we -; vale, pero no molestes ¡Eh!

Pues sucedió en el segundo año de la secundaria. En la clase de matemáticas. Con aquel Profe del que ya te había contado que me agarró de bajada con sus gises y sus “tareitas especiales”…; – cierto, con el que luego te agandallaste tú con sus morritas que las ponías a hacer lagartijas y abdominales en tus clases de karate…-; nel, no seas alterativo de la realidad; nunca dije que las ponía, dije que le comenté a él que si sus hijas seguían llegando tarde las iba a poner a hacer “tareitas especiales”. Pero deja sigo. Te decía que las matemáticas nunca fueron mis grandes aliadas así que, el primer bimestre de ese año, aunado a la gandallez del profe Ocaña, se sumó que las malditas ecuaciones de primer grado nunca se me pegaron, y tómala, en llegando el momento de la entrega de calificaciones por parte del Profe. Con su voz, por demás burlona me dijo: “Espinosa, porqué no es como su hermana; no fue mi alumna, pero sé que es muy buena para las matemáticas; pídale que le ayude a estudiar, porque si no va a volver a reprobar”.  Y ya sabes, mi inocencia me hizo argumentarle: oiga profesor, pero como voy a volver a reprobar si hasta ahora no he reprobado; y que me dice el muy canijo: ¿Ah no? Y entonces porque cree que le estoy diciendo que le pida a su hermana que estudie, tiene cinco Espinosa”. 

La neta que esa fue mi primera vez en que tenía una calificación reprobatoria. Conocía los seises, los sietes, pero no los cincos. Así que yo sabía que me iría como en feria en la casa. Desde de ese día, hasta que hubiera la famosa “firma de boletas” tenía como una semana. Desde ese momento, el buen Marco se transformó. – Jajaj no manches we  ¿Qué hiciste? -. Pues en la casa al ser el hombre mayor, tenía que ir por los mandados que se le ocurrían a la Jefita y ¡Ah como me chocaba! Pero desde ese día, diría mi abuelita, me alquilaba para todo. Es más le rogaba a la Jefa que me mandara a las tortillas, al pan, por el mandado; le ayudaba a limpiar vidrios de la casa, a lavar pisos, a levantar el tiradero de mi recamara, y así. Mi Jefa era feliz porque andaba de acomedido; hasta que el día de la firma llegaba y tómala, la cajeteada no se hacía esperar: “no se haga wey, por eso andaba de hacendoso”, con su concebido plan correctivo.

Pero sí Alter, repetidas ocasiones hacía eso para distraer la atención de los Jefes; pero va uno aprendiendo y luego le haces frente a tus problemas.

– Pinche Tío Lucas, y entonces por qué eres tan mameluco conmigo…-; oye, pero a qué viene todo esto.- Pues es que yo creo que el “prejidente” era como tú; pero quizás él nunca aprendió a hacerle frente a sus problemas, y por esos ahora, para que no nos demos cuenta que tiene al país hecho un desbarajuste en lo económico y en lo relacionado con la salud, por sólo mencionar algo; le dio por traerse de regreso el famoso avión y anda muy entregado al caso de Lozoya, digo que para tratar de distraernos; pero igual que a ti, creo que le va a llegar la hora de hacerle frente a sus problemas y no se la va a acabar…-; mendigo Rufián, siempre con tus cosas. Ya vámonos.

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