Nuestro reconocimiento al movimiento de las mujeres

El país se estremeció con  la muerte de la niña Fátima, de tan solo siete años, simultáneamente se expresó el empoderamiento y la movilidad  de las mujeres, que si bien, se ve en  la Ciudad de México, o en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Este fenómeno aún o no llega a las mujeres del Politécnico Nacional (IPN), ni a muchas áreas populares. 

La condena por el terrible crimen, fue acompañada de la exigencia para que se implementen programas para la protección de los niños y niñas, ya hay decisiones que apuntan hacia allá, los mismo que los programas para contener el feminicidio, cuentas pendientes del gobierno actual, tema  relegado por los gobiernos anteriores, en los estados hay indolencia.

Las mujeres toman las banderas de reivindicación, protesta, justicia, denuncia y exigencia que tanto se necesitaban. Los partidos políticos al respecto se preocupan más por el reparto del poder que buscar y proponer soluciones.

Los diputados locales y federales solo se expresan con beligerancia cuando suceden estas tragedias, pero de manera cotidiana están al margen: hablamos de diputados, diputadas, senadores,  senadoras de todos los partidos políticos.

Otra hubiera sido la historia en Pasta de Conchos si las viudas, madres, hijas y hermanas de los mineros sepultados  hubieran contado con un movimiento solidario fuerte y decidido de las mujeres mexicanas. Pasaron dos sexenios para que por fin se vea la posibilidad de rescatar los cuerpos y se les de cristiana sepultura.

Otra hubiera sido la historia de las madres de los niños fallecidos en la guardería ABC de Hermosillo, si con las madres hubieran  reclamando justicia el movimiento de mujeres que hay actualmente. El peregrinar de las madres de estos niños, con la fuerza de las mujeres, hubiera evitado impunidad.

No anduvieran libres los curas pederastas como Nicolás Aguilar, si se hubiera levantado la ola feminista contra ellos. Las condiciones aún no estaban dadas, pero este movimiento debe crecer, fortalecerse y apoyarse  porque lo necesita nuestro país.

Todo movimiento tiene sus riesgos, en este caso son los grupúsculos que se apropian de las banderas para acosar políticamente, de ninguna manera para demandar justicia ni castigo, sus intenciones son perversas e inmorales, no les tiembla el corazón para usar un caso tan estrujante como el de la niña Fátima para  golpear y azuzar con interés perverso. Y las oportunistas de siempre que se olvidan de la lucha a la que dijeron pertenecer porque están en el poder, eran simuladoras.

No queremos dejar pasar el caso de quien fuera responsable de la ejecución de los programas sociales de la 4T Gustavo Pedro Cortez, uno de los maoístas que vinieron a impulsar el movimiento urbano popular en los años setentas. Los maoístas, salvo honrosas excepciones, cobraron y bien su activismo. Gustavo Pedro Cortes desde hace muchos años se integra en nóminas; jubilado como maestro de la UJED sin haber dado clases, desde hace tiempo señalado en  temas de  corrupción.  Lo había denunciado  una jovencita con la entrega de becas. Salvo Iván Gurrola, los demás diputados han callado, lo mismo que la senadora de Morena Margarita Valdés, lo cual es muy sospechoso. O no.

Puedes comentar con Facebook