Opinión | 1960: La nacionalización de la industria eléctrica

La historia de México en el siglo XX, está marcada por ese gran acontecimiento que fue le Revolución de 1910-1917. Esta gesta heroica de aquel pueblo en armas, liderado por Francisco I. Madero y después por Venustiano Carranza, definió un nuevo régimen político que buscaba reivindicar al pueblo oprimido por el porfiriato. Se trataba de ejercer el poder público en la perspectiva de la justicia social, que demandaba aquel pueblo agraviado y se trataba también de establecer un régimen democrático como lo postulo Madero, en su lema Sufragio Efectivo. No Reelección.

Concluida la etapa armada de la Revolución, el primer gran hecho histórico fue la Constitución de 1917, documento jurídico fundamental, en el que se inscribieron los Sentimientos de la Nación del México del siglo XX. Los derechos sociales de los campesinos y de los obreros, el derecho a la educación, así como la propiedad de la Nación sobre las riquezas energéticas de nuestro territorio, son las conquistas históricas que perfilaron el México post revolucionario. Fue así, que en 1938, el presidente Lázaro Cárdenas decretó la Expropiación Petrolera, que detonó el proceso de industrialización de México y que junto con las instituciones de educación superior –UNAM, IPN, Chapingo y demás instituciones educativas públicas-, fortalecieron el ascenso social, que generó una clase media y se inició la prosperidad del pueblo de México. Desde entonces y hasta finales de los años 70’s, ocurrió el fenómeno económico denominado Desarrollo Estabilizador y que en el mundo se le conoció como “El milagro mexicano”; pues México alcanzo un crecimiento entre el 6% y el 7% del Producto Interno Bruto –PIB-.

En esta ruta histórica, afirmada por los gobiernos alineados en la ideología social de la Revolución Mexicana; en 1960, ocurrió otro gran hecho histórico que reafirmo la soberanía del Estado mexicano: me refiero a la Nacionalización De La Industria Eléctrica, decretada por el presidente Adolfo López Mateos, el 27 de septiembre de 1960. Cabe mencionar, que el actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en el contexto del deterioro en que dejaron a la Comisión Federal de Electricidad y a PEMEX, los gobiernos neoliberales; ha planteado una profunda reflexión con la opinión pública nacional, a fin de recuperar el sentido y el propósito histórico de esta industria estratégica para el pueblo de México. Así pues, el actual presidente, ha replanteado la lectura de la carta que el presidente Adolfo López Mateos escribió como legado histórico para el pueblo de México. En este documento, López Mateos escribió: “Les devuelvo la energía eléctrica, que es de la exclusiva propiedad de la Nación, pero no se confíen porque en años futuros, algunos malos mexicanos identificados con las peores causas del país, intentarán por medios sutiles entregar de nuevo el petróleo y nuestros recursos a los inversionistas extranjeros. Ni un paso atrás fue la consigna de don Lázaro Cárdenas del Río al nacionalizar nuestro petróleo…Sería necio afirmar que México no requiere de la capacitación tecnológica en materia eléctrica y petrolera, pero para ello ningún extranjero necesita convertirse en accionista de las empresas públicas para apoyarnos. Sólo un traidor entrega su país a los extranjeros…En México la Constitución es muy clara, los recursos energéticos y los yacimientos petroleros son A PERPETUIDAD propiedad única y exclusiva del pueblo mexicano, el resto de las especulaciones al respecto son traición a la patria. Industrializar el país no implica una subasta pública de nuestros recursos naturales ni la entrega indiscriminada del patrimonio de la patria”.

Finalmente, van estas reflexiones: el Testamento Político que nos dejó el presidente Adolfo López Mateos, en materia de energéticos, es incuestionable;  y además de su contenido político, tiene un profundo contenido jurídico-Constitucional, pues deja claramente explicado el alcance de nuestra soberanía sobre nuestros energéticos y también una argumentación jurídica sustantiva sobre el delito de traición a la patria. Así me ensañaron a leer jurídicamente en mi alma mater la UNAM. Así lo entiendo como mexicano, consiente de la dimensión de los acontecimientos políticos pasados y presentes. En el México que frisa en la tercera década del siglo XXI, en plena era de las comunicaciones instantáneas, el pueblo mexicano está aprendiendo, día a día, a discernir la diferencia entre las opiniones políticas tendenciosas –entre opinión política y análisis político hay una diferencia dimensional- y la verdad sobre el acontecer de la vida pública de México.

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