Opinión | 5 de Mayo: la batalla por la soberanía

A la memoria del Gral. Ignacio Zaragoza

Como sabemos, el siglo XIX fue para nosotros los mexicanos, el tiempo de la definición como Estado Libre y Soberano. Desde que nuestros padres fundadores –hombres y mujeres- encendieron la antorcha de la libertad el 16 de septiembre de 1810, comenzó la gestación de nuestra PATRIA. La ruta por la libertad y la independencia de los pueblos de América, había sido trazada en 1776, por los habitantes de las 13 colonias de Norteamérica; por su parte, los pueblos latinoamericanos se contagiaron del espíritu independentista que irrumpía en la historia de la humanidad; así se atrevieron a romper las cadenas que los ataban a las metrópolis coloniales europeas. En ese contexto, en el que se escribían nuevas páginas de la historia mundial; nosotros logramos formalizar nuestra independencia en 1821-Tratados de Córdoba-; sin embargo, fue hasta 1824, cuando logramos constituirnos como un Estado Libre y Soberano, conforme a nuestra Constitución Política de 1824. Ciertamente, nuestra ruta histórica se había iniciado, pero nuestras confrontaciones políticas, no nos permitían afirmar plenamente nuestra soberanía en los hechos. El poder de imperium de aquellos primeros gobiernos, no tenía la eficacia política y jurídica, necesarias para definir nuestras fronteras y sustentar nuestro gobierno como Estado Federal. Las potencias europeas, se negaban a aceptar la nueva realidad histórica; por eso intentaron recuperar su

dominación colonial en América – incluso Inglaterra quiso recuperar el territorio de sus antiguas colonias-. En esas vicisitudes de las luchas por nuestra existencia como nación soberana, sufrimos la separación de Texas y después el despojo de nuestros territorios del norte. En aquella sociedad fluctuante –como la llamó Jesús Reyes Heroles- la disputa entre Liberales y Conservadores; entre los mexicanos que querían una república democrática y los que querían un gobierno Monárquico; nos puso, una vez más, en el centro de la ambición europea. La Francia de Napoleón III, decidió respaldar al gobierno monárquico, representado por Maximiliano de Habsburgo y que fue impuesto por los conservadores mexicanos; envió numerosas tropas, para sostener por el poder de las bayonetas a aquel gobierno espurio. Fue entonces, cuando el presidente Juárez le encomendó la defensa de la patria al Ejército de Oriente comandado por Ignacio Zaragoza. Este gran estratega militar y gran patriota, tuvo el talento de escoger el escenario de la batalla, donde enfrentaría a las tropas francesas dirigidas por Lorencez. Fue en los fuertes de Loreto y Guadalupe, donde Zaragoza preparó la defensa dePueblayfueel5demayode 1862, cuando se libró la histórica y gloriosa batalla de puebla, en la que las fuerzas defensoras mexicanas alcanzaron la victoria y derrotaron al que entonces era el mejor ejercito del mundo –aquí quiero resaltar un acontecimiento de honor patrio; me refiero a la decisión de los generales Berriozabal y Lamadrid, quienes abandonaron las filas de los

Conservadores, para ponerse a las órdenes de Zaragoza y alinear sus tropas en la defensa de México-. Poco tiempo después falleció el Gral. Zaragoza -no está claro el motivo de su muerte-. Francia envió numerosos refuerzos de tropas y ya no logramos grandes victorias. Fue entonces cuando el presidente Juárez emprendió en su carruaje, la ruta de la República. Después de muchas vicisitudes, el ejército liberal mexicano conducido por el Gral. Escobedo, logró derrotar al ejército conservador y a las tropas francesas, sellando aquel capítulo ignominioso de nuestra historia, en Querétaro, al fusilar al Filibustero y espurio emperador Maximiliano y a los militares conservadores Miramón y Mejía, en el cerro de Las Campanas.

Finalmente, quiero expresar estas reflexiones: Durante la intervención francesa, el gobierno del presidente Juárez recibió el apoyo del presidente Lincoln de USA, no solo con su reconocimiento político, sino suministrándole armamento y municiones para el Ejército Liberal Mexicano; fue así como entonces nos favoreció la doctrina Monroe que postulaba el principio “América para los americanos”. Hoy nuestras relaciones con el gobierno de USA, como con todos los gobiernos del mundo, son cordiales, de respeto mutuo y de colaboración recíproca ¿Por qué? Porque el presidente Andrés Manuel López Obrador, conduce nuestra política exterior, guiado por los PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES establecidos en el artículo 89, así como por los intereses de nuestra nación.

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