Opinión | 8M

Hace casi un año, un grupo de mujeres colgó una manta de los arbotantes del alumbrado en el camellón de la avenida 20 de Noviembre, entre la Plaza de Armas y la catedral. Inmediatamente vino la reacción, por un lado la inmediatez y al disposición para la condena. Muchas voces se apresuraron a reprochar que hubieran colocado esa manta de protesta “en” la catedral, prejuzgando, sin saber que no estaba en el templo, ni en sus rejas, ni siquiera en la banqueta, sino a mitad de la calle, a dos carriles de distancia del edificio religioso.

Pero más que estos reproches y juicios infundados, fue peor la censura de alguien que mandó quitar la manta, alguien que ordenó reprimir el derecho a la libre manifestación de feministas locales, alguien que se sintió con derecho y poder para censurar, para coartar la libre expresión, para silenciar a las mujeres. ¿Quién dio la orden?… un año después todavía no se sabe. Al parecer el Ministerio Púbico fue usado, una vez más, para solapar, encubrir y negar derechos.

Es que además de la represión y el atentado contra esas libertades, hubo un despojo de un bien, la manta, que fue robada. Ante estos obvios ilícitos hubo una denuncia pública, denuncia que como era de esperarse con la Fiscalía de Justicia del Estado de Durango, no iba a prosperar.

Pruebas había suficientes; testimonios, crónicas periodísticas y los videos grabados por distintas cámaras en el lugar más vigilado de todo el estado de Durango. Los videos desde luego muestran quienes fueron, en qué vehículos llegaron y de ahí se infiere quién los mandó. Pero tales videos fueron ignorados ¿u ocultados? por la Fiscalía. ¿Fue orden de Ruth Medina? ¿o ella ni siquiera se enteró?… aunque, ella sí supo del caso e incluso se comprometió a investigar, esclarecer y proceder… ¿entonces?

No, no es para tanto; que quiten mantas o pancartas de protesta no es nuevo, también lo hicieron policías, esos sí a la vista de todos, durante una protesta de abogados en los portales del edificio sede del tribunal Superior de Justicia. Entonces el señalamiento fue que perfectamente podían, si tenían una orden de aprehensión, detener a los manifestantes, pero lo que no tenía derecho a hacer era a retirar las mantas y pancartas, ningún juez podía autorizar a reprimir el derecho a expresarse libremente. Pero lo hicieron.

En el caso de la represión a las expresiones de las feministas, no es que una manta importe mucho, solo decía “Saquen sus rosarios de nuestros ovarios”, el caso es que aquel acto es el reflejo de la situación en la que se encuentran. Esa orden de ese “alguien” que aún no se sabe quien fue, es la muestra del trato que se da a las mujeres que se atreven a levantar la voz. Es decir que la lucha del feminismo tiene más que justificada su razón de existir.

En una semana será ocho de marzo, la fecha que las mujeres han tomado para expresar su repudio a los abusos, su reclamo de libertad y de justicia. No es la fecha para el “feliz día de la mujer”, frase que resulta inoportuna y hasta ofensiva en ese marco.

Hay quienes creen que es ocioso el movimiento feminista, el de las mujeres que reclaman el reconocimiento de sus derechos y que buscan ejercer plenamente sus libertades. En teoría, en el papel, hay igualdad, hay libertad hay derechos… en la práctica no es así; en marzo de 2021 todavía las mujeres siguen siendo víctimas de la opresión de un sistema machista que se niega a reconocer la opresión ancestral y como no la reconoce no puede superarla o acabar con ella.

@MCervantesM

Puedes comentar con Facebook