Opinión | ¿A quién afecta más captura de Cienfuegos?

La aprehensión, el pasado jueves, del General Salvador Cienfuegos, ex secretario de la Defensa Nacional, en el sexenio anterior, es sin lugar a dudas un fuerte golpe para la imagen de nuestro ejército, así como para el gobierno de la 4T.

Quedarse en el análisis que reviste una mancha más al devaluado sexenio de Peña Nieto, es una visión parcial. De entrada, varios militares que trabajaron con Cienfuegos, hoy forman parte o tienen puestos claves en la actual Administración. Además, López Obrador les ha asignado a los militares varias encomiendas de carácter civil como lo es la construcción del nuevo aeropuerto Felipe Ángeles de Santa Lucía, sucursales del Banco del Bienestar en todo el país, la custodia de puertos y aduanas, por citar algunos. AMLO ha colocado a los militares en todas las áreas posibles, porque parte del hecho de que la corrupción no ha permeado al interior de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, la detención de Cienfuegos no puede verse como un hecho aislado, no hay manera de imaginar que el extitular de la Sedena haya actuado solo.

El arresto se dio a petición de la Agencia de Drogas Estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés), que hasta ahora sabemos se basa en declaraciones de testigos protegidos y asegura tener llamadas interceptadas donde supuestamente el general estuvo en contacto con narcotraficantes.

Fue cuando ya estaba detenido el general, que las autoridades estadounidenses le informaron a las mexicanas. No deja de sorprender que junto con el general, su familia también fue resguardada por autoridades estadounidenses por horas. Al parecer el general Cienfuegos ha sido detenido sobre la base del testimonio de un testigo protegido. La experiencia nos ha enseñado a desconfiar de estos testigos que reciben beneficios a cambio de testimonios que quiere el fiscal. Asegura que el general advirtió al H-2 de las investigaciones en curso que realizaba el Gobierno de Estados Unidos en contra del cártel y del uso de testigos e informantes.

Siempre y cuando estén bien fundamentadas y respaldadas en hechos ciertos, las implicaciones de su detención el jueves 15 por la noche en Los Angeles, California, son muy graves. Si se comprueba que el general Cienfuegos fue protector de narcotraficantes, estaríamos ante el peor caso de infiltración del crimen organizado en nuestras estructuras de seguridad. Si la DEA lo aprehendió sin pruebas sólidas, se trataría de un golpe al Estado mexicano, de mala fe, que sería difícil considerar como resultado solamente de un descuido. Esto en el marco de la recta final, electoralmente hablando, rumbo a la elección presidencial de Estados Unidos.

De acuerdo con las encuestas, el ejército es la institución más respetada por los mexicanos. Su jefe durante seis años está hoy acusado de narcotráfico y lavado de dinero. Por más trabajo de control de daños que implementen, la imagen del Ejército se verá trastocada.

A bote pronto la aprehensión del general Cienfuegos le cayó “como anillo al dedo” a AMLO porque abonaba para su particular narrativa de combatir a la corrupción y todo lo que tenga un tufillo neoliberal. Sin embargo, a estas alturas ya lo han de haber advertido sobre el golpe que este escándalo representará para su gobierno, ya que promovió la imagen de las Fuerzas Armadas como garante de disciplina,  incorruptibilidad y honor.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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