Opinión | Agosto y la agenda de juventudes

Cada vez que se acerca Agosto, mes de la juventud, los jóvenes empezamos a tomar relevancia en el discurso público: se realizan foros, conversatorios, mesas de trabajo o de debate, con temas actuales o que se piensan inherentes a la juventud y es ahí cuando nos invitan a participar y nosotros accedemos pues a un porcentaje de la juventud, nos interesa participar en la vida pública, política y democrática del país o de nuestro estado, pero podemos llegar a participar de otra forma más efectiva, pero para eso tendrían que entender un poco a nuestra generación y con base en eso brincar del discurso a las acciones.

Pero, ¿Cómo se puede definir nuestra generación?

Esta generación de juventudes, ha demostrado en múltiples oportunidades que somos buenos y buenas para alzar la voz y no solamente en las marchas o manifestaciones para gritar injusticia, pues también podemos ser emprendedores, formar grupos, colectivos, asociaciones u organizaciones para ayudar a generar un cambio o tener más de un empleo y tal vez tener una buena economía siendo freelance.

Aunado a esto, somos una generación de jóvenes que nos preocupamos y anhelamos tener una buena vida que no se separe de lo sostenible y lo saludable.

La generación que dice, ¡a favor del aborto legal y el matrimonio igualitario!, la que rechaza los prejuicios y donde criticarnos las unas a las otras por nuestro aspecto físico o económico, lo vemos como un acto vintage, fuera de lugar y de moda. Somos la generación donde ya muy pocos se consideran pro-vida, pues nosotros entendemos el verdadero significado de una vida digna, donde gozar de la protección y el amor de una comunidad tiene mucho valor.

Por ello es claro que seguiremos exigiendo oportunidades y más derechos, para formar parte de una forma real, hablo de más personas jóvenes en la administración pública, porque erróneamente se piensa que nuestro único acto político es votar cada 3 o cada 6 años, hoy tenemos que demostrar con responsabilidad y participación intensa que esto no es así.

Si a la mayoría nos preguntaran si creemos en la política o nos interesa participar en ella, la respuesta probablemente seria afirmativa, pero no cualquier política. Los jóvenes de esta generación queremos participar en la política que realmente nos tome en cuenta, en esa que podemos encabezar o involucrarnos de forma directa, cuyas acciones influyan verdaderamente en los procesos y en los resultados de los mismos. No en esa que se hace en lo privado, de forma un tanto autoritaria y vertical, en donde nuestras ideas y posturas quedan enterradas, por una falsa idea de que la experiencia lo es todo.

La política se hace desde adentro, pero entendemos que también se puede hacer desde afuera. Si nos dieran oportunidades o se generaran mecanismos reales, en donde se reconociera que la verdad absoluta no la tienen ni los partidos, ni las instituciones, ni los políticos sobre asuntos de juventudes, sería totalmente diferente. Recordemos que las juventudes somos mayoría y podemos definir la agenda pública, solo que la apatía y el desencanto es cada vez más grande en cuanto a participar en votaciones, pues los últimos años, no nos sentimos orgullosos, de quienes nos han representado.

Se equivocan al decir que las juventudes estamos perdidas, tal vez algo desorientadas, pero más vivas que nunca. Ahora necesitamos estar conscientes de nuestro poder.

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