Opinión | ¡Ah qué candidatos!

Los actuales procesos electorales están dibujando, no solo a la democracia sino también a México de cuerpo entero, a sus instituciones, a los partidos, a los poderes fácticos, a los políticos, a la sociedad y a los candidatos. Lo más evidente es el deterioro en todos los ámbitos; hace dos décadas el país era seguro, los grupos delincuenciales estaban acotados y la paz social era parte de la normalidad; el debate público se centraba en la democratización del país.

Regresar a las condiciones que existían hace 20 años sería un gran triunfo para México, esto nos expone con claridad el grado de descomposición que hemos experimentado como país y la caída en la calidad de vida que ha sufrido la población; lo cierto, es que “El Futuro” como nos lo expusieron hace tiempo no ha representado para los mexicanos seguridad, productividad y bienestar, por el contrario, la problemática se ha agudizado y se ha hecho más compleja.

Los gobiernos y los políticos han demostrado reiteradamente su incapacidad para aprender de las experiencias históricas ya que siguen cometiendo los mismos errores una y otra vez; el país en el que crecimos muchas generaciones de mexicanos ya no existe, la corrupción institucional y los pactos de impunidad nos han traído ha esta realidad en la que los gobiernos son cada vez más ineficaces y el sistema de leyes más obsoleto y socialmente inútil.

La situación en México no está para que los candidatos, muchos de los cuales ni siquiera tienen idea de lo que dicen, estén haciendo campañas por medio de bailables ridículos o cantando en Redes Sociales y cuando les preguntan por sus propuestas hablan de tópicos que no les corresponden a los cargos que buscan obtener, los más brillantes ofrecen becas, programas asistenciales, tarjetas, créditos o pensiones como si las finanzas públicas tuvieran un superávit y los gobiernos no supieran qué hacer con todo el dinero que les sobra en un país donde la mayoría no paga o evade impuestos.

Estados Unidos es el principal socio comercial de México, con el circulante que le inyectó el Gobierno de la Unión a su economía la prospectiva es que este año no solamente se recuperen de los impactos de la pandemia, sino que crezcan al 8% y aquí en México no se está diciendo, ni haciendo nada para aprovechar ese impulso que nos va a afectar positiva o negativamente, depende de cómo reaccionemos.

Sería interesante escuchar a los candidatos debatiendo sobre la creación de un Servicio Profesional de Carrera para que las instituciones empiecen a consolidarse, que se terminen los gobiernos improvisados integrados por amigos y héroes de campaña, que son uno de los principales factores del atraso e ineficacia del servicio público; no he visto una sola propuesta dirigida a estimular la inversión, a facilitar la operación de nuevas empresas, incrementar la competitividad o incentivar a la iniciativa privada para que se puedan crear más empleos y mayor oferta de trabajo.

México no parece tener rumbo, si bien el Presidente de la República está agotando una agenda anticorrupción es imposible que lo logre solo ya que la mayoría de los gobernadores no se ven dispuestos a replicarla, los pactos de impunidad en gran parte de los estados siguen sosteniendo los equilibrios entre los diferentes partidos, grupos políticos y poderes fácticos; los gobernadores están cada vez más acotados para ser quienes garanticen el cumplimiento de la ley, el Principio de Autoridad y el Estado de Derecho.

Si algo es evidente es que la gran mayoría de los candidatos no están mostrando tener el entendimiento, la intención y los alcances para modificar la realidad actual que sigue con una tendencia, más que obvia, hacia el deterioro económico, el debilitamiento institucional y la degradación social.

Pobres de aquellos países en los que su pasado fue mejor que su presente y más esperanzador que su futuro, como México.

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