Opinión | Al tiro raza!

-Qué onda mi cabeza de aceituna, cómo te ha ido…-; cálmate mendigo Haragán, que no ando de humor como para estar aguantando tus irreverencias…; – ¡Uy! Espántame calavera. No sé para que me sales con tu cuento de que no andas de humor, si no estar de humor conmigo es el pan nuestro de cada día. Conmigo siempre traes la cara como si fueras en la Línea tres del Metro en hora pico, al lado de un grupo de trabajadores prófugos del anti transpirante…-; ¡cá lla te! Porque me desquito contigo y te poncho los pocos cachetes que tienes. – No pues eso me gano por andar de acomedido queriendo romper el hielo contigo; pero neta yo no tengo la culpa de que seas tan tarimapendecuaro y siempre andes perdiendo tiempo buscando en dónde dejaste estacionado tu carro; en serio que estás re wey…-; ¡cá lla te!…; – ¡Ah! Ya sé qué tienes pinche Tío Lucas. Es por lo que te pasó el martes -.

Pues sí un poco hay de eso. – Oye pero creo que es bueno que lo compartas con nuestros estimados lectores…-; mira ahora ya son nuestros…; – Simona la Compartida. No seas discolo we, por eso te pasan cosas por envidioso…-; cálmate, andas muy moralitos Mequetrefe; pero sí, tienes razón, este tipo de cosas y casos no debemos guardarlos para el anecdotario; así que ahí te va…; – venga -.

El pasado martes una vez más, extravíe el lugar donde dejé estacionado al “palomo”; está ocasión si me manche porque más de media hora estuve recorriendo las calles por donde suelo estacionarme y nada; hasta que la ardilla se puso a trabajar a marchas forzadas y ¡Tómala! De pronto me llegó la luz divina.

Obviamente, ese tipo de circunstancias me desesperan, pues en ocasiones traigo prisa y pierdo tiempo por andar como niño explorador buscando ramitas “pa´la fogata”. – Oye we, y cómo le haces para trabajar, si todo se te olvida…-; nel mi amigo, no todo se me olvida. Lo único que siempre ha sido mi talón de Aquiles, es el estacionamiento, desde siempre; de ahí en fuera, me acuerdo de todo…; – si tú lo dices te creo. Síguele -.

Ya una vez encontrado el auto, me dirigía a casa; sin embargo, una extraña vocecita me dijo al oído: (Sin albur) “Ya no hay leche en el refri”. Así que ni tardo ni perezoso decidí pasar a Chedraui, ya era tarde, cerca de las 9 de la noche; confieso que nunca hago eso de pasar a esos antros del consumismo a esa hora; pero esa mendiga vocecita salió más convincente que tú y ¡Zas! Ahí va el pelochas a meterse a la tienda.

Cuando llegué al estacionamiento me percaté de la presencia de dos personas; le presté la atención necesaria, pero hasta ahí, con eso que solamente dejan ingresar a “una persona” (lo entrecomillo porque eso es en teoría ya que adentro se encuentran las familias) supuse que esperaban a alguien.

No tardé ni 15 minutos y al salir observé que el carro estaba inclinado hacia el lado izquierdo de la parte trasera; subí mi compra del lado del copiloto y me vuelvo a percatar que una persona estaba parada detrás de un vehículo y, nuevamente, no le ofrezco tanta importancia, “seguro espera a alguien que entró a la tienda”.

Cuando abrí la puerta del conductor veo que la llanta está sin aire. Me dirijo hacia ella y con la lámpara del celular veo que tiene un “piquete de mosco” en la parte de arriba del rin.

Me subí al carro para abrir la cajuela y proceder a cambiar la llanta que, a todas luces fue intencionalmente acribillada de esa manera.

En eso me percato que a unos tres metros llegó un tipo. No sé si era el mismo que momentos antes había visto o era otro, pero la verdad no tenía pinta de ser seminarista; así que, sin pensarlo arranque el carro y me salí del estacionamiento, total, a la llanta ya le habían dado en la Jefa y no se perdía nada rodando así con ella.

La neta si se pandea uno, porque he sabido de casos semejantes en los que los amantes de la uña hacen eso para aprovechar y hacerle una limpia a los que caen en su jugada.

No puedo asegurar que esas personas me hicieron eso, tal vez fue casualidad. La neta no sé si me encontré con un mosco superpoderoso y sí le dio un llegue a mi neumático; lo que sí sé, y lo sé muy bien es que la ocasión hace al ladrón; así que a mí me enseñaron a ser valiente pero no pen…; – eso we, qué bueno que no te quedaste -.

Sé que no he sido el primero…; – y tampoco serás el último, porque he visto que varias personas comentan que les sucede algo en algún estacionamiento de algún establecimiento comercial como el que señalas y como dicen los clásicos: “la policía brilla por su ausencia” -.

Pues yo lo que te puedo decir es que, por lo menos, los guardias de seguridad de los establecimientos, no sé si en todos, pero al menos los que me ha tocado visitar, la función que están cumpliendo es la de tomar temperatura, poner gel antibacterial y, esos sí, te reciben con un generoso “bienvenido”.

– Pues estimados lectores, ojalá que se pongan truchas y procuren evitar caer en las trampas de personas que acostumbran hacer este tipo de travesuras; si acostumbran acudir demasiado tarde por sus compras, no tomen a la ligera cualquier desperfecto en sus vehículos, pues eso puede ser la diferencia entre salir avante o salir desplumado -.

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