Opinión | AMLO: años de asombro y tormentas

No será fácil escribir esta historia. Porque las contradicciones y lo insólito tienen que ser parte del relato. Dentro de unos años, los lectores encontrarán inverosímil lo que nosotros hoy tenemos que aceptar que es cierto.

A ver: ¿alguien podría negar que una y otra vez, Andrés Manuel López Obrador rebasa nuestra capacidad de asombro? ¿Y que cuando creemos haberlo visto todo, nos vuelve a sacudir con algo tan inesperado como la realidad?

Baste recordar su pecado original de la cancelación del Aeropuerto de Texcoco, sin una sola razón que atendiese a la cordura. Luego el cierre absurdo de las nueve mil estancias infantiles. El reparto populachero y electorero de billetes. Y en consecuencia la búsqueda de dinero a costa de brutales recortes en la burocracia —sector salud incluido— para transferirlo a los barriles sin fondo como Pemex, Dos Bocas, el Tren Maya y Santa Lucía, mientras se mueren los niños con cáncer, por falta de medicamentos.

Sus chistoretes sobre la pandemia al extremo de que Don Tedros, el director de la OMS, nos exige que tomemos en serio al coronavirus porque “la situación en México es muy preocupante y que los líderes del país debieran dar el ejemplo”. A lo que el cínico de su vocero ha respondido que lo mismo les dice a todos y que seguro el mensaje no era para él y menos para el presidente. La pareja de los López que, después de un millón de contagiados y 100 mil o tal vez 250 mil muertos, se sigue negando al uso del cubrebocas. Una malentendida postura machista que es a la vez una imperdonable negligencia criminal, porque el número de víctimas impone récords negros cada día.

Y en este escenario de desastre, otra vez el asombro. En lugar de un manual para enfrentar la pandemia dentro y fuera de nuestras casas, al gobierno de la 4T se le ocurre imprimir ¡ocho millones de ejemplares! de una “Guía Ética para la Transformación de México”, que trae capítulos fundamentales como: “Del sufrimiento y el placer”; “De la redención”; “De la verdad, la palabra y la confianza”; y “De los animales, las plantas y las cosas”.

Nada que ver, por supuesto, con las decenas de miles de pequeñas y medianas empresas que han cerrado a lo largo y ancho de todo el país; ni con minucias como los millones de desempleados y nuevos pobres. Se trata, en cambio, de parte de la campaña electoral que no ha cesado en 18 años y que se ha intensificado en estos dos de gobierno, en que el presidente es candidato en el 2021 a mantener su mayoría en la Cámara de Diputados, donde se decide el presupuesto y el control férreo de la nación. A propósito, con un gobierno unipersonal y un gabinete inexistente en el que salvo dos excepciones, todos contestan “la que usted quiera, señor presidente”, cuando él pregunta la hora.

Un asombro final: que pese a todo esto y lo que usted quiera añadir como los 70 mil homicidios anuales, la militarización del país, la liberación de Ovidio y el saludo respetuosísimo a la mamá del “Chapo”, el presidente Andrés Manuel López Obrador sigue manteniendo más del 60 por ciento de aceptación popular y 34 por ciento de rechazo a decir de las encuestadoras.

Una verdadera hazaña política y mediática con mañaneras incluidas, si tomamos en cuenta la cauda de decisiones que tienen a México al borde del colapso sanitario, económico y social.

Así que la pregunta es obligada: ¿Cuánto tiempo más le durará el atole a este asombroso encantador de serpientes?

Periodista

ddn_rocha@hotmail.com

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