Opinión | Borrascosa decisión

Iniciamos nuestro artículo con la declaración influenciada por emociones contradictorias, ligera y superficial de Sandra Amaya Diputada, al señalar que no necesitamos los fideicomisos que ahora los recursos serán entregados directamente, sin intermediarios, pues había corrupción en su manejo, según la apreciación presidencial, ella pertenece a la bancada de Morena en el Congreso de la entidad, además encabeza la mesa de coordinación política de este órgano legislativo.

Desconocemos en qué se basa la legisladora para responder de esa manera o fue influenciada por las declaraciones del presidente López Obrador, quien sus dichos sobre los fideicomisos de que había corrupción, hasta hoy no se ha presentado una denuncia a la Fiscalía Federal, para actúe conforme a la ley, pero nada, esto nos lleva a recordar las declaraciones  de Jaime Cárdenas quien al renunciar a la Comisión para Devolver al Pueblo lo Robado, dice con toda elegancia en su carta de renuncia, no es que no esté de acuerdo con el proyecto del Gobierno de López Obrador, sino que se le pidió hacer cosas ilegales o con procedimientos incorrectos. La administración pública no es para todos, en eso tiene razón el Presidente, porque a diferencia del común de los mortales, quien trabaja en el Gobierno solo puede hacer lo que la ley expresamente le permite, todo lo demás implica incurrir en falta. Cárdenas se fue porque le pedían operar decisiones no contempladas en la ley que hubiesen implicado que él como funcionario público incurriera en faltas administrativas sino es que en la comisión de delitos. Así o más claro legisladora.

Entendemos que la lealtad en un proyecto político es una de las cosas más complicadas de definir. Se entiende perfectamente que un líder pida a sus colaboradores que compartan la visión de país o de Estado que hay detrás de su ejercicio de Gobierno; no solo es plausible sino deseable. El problema es definir esa sutil frontera entre lealtad y complicidad, el momento en que la obediencia a ciegas que pide el Presidente se convierte en ceguera cómplice, cerrar los ojos ante algo que pueda ser incorrecto, ilegal o simplemente considerado por un funcionario como no correcto éticamente.

En pocas palabras, así podemos detallar la actitud asumida por los legisladores de Morena y sus afiliados en el la Cámara de Diputados que decidieron cancelar 109 fideicomisos, ordenada por el Presidente, decisión que está sobre todas las leyes y todos los mexicanos; la cancelación no es una cuestión solo de dinero, del cual se dispondrá sin dar cumplimiento a ningún ordenamiento y se aplicarán discrecionalmente bajo la mayor opacidad

Cuando el proyecto de Gobierno está atravesado todos los días por la ocurrencia del momento la lealtad ya no es la visión de un grupo que encabeza el Presidente –una visión que le permitiría al funcionario público establecer una ruta de trabajo– sino una sumisión. Lo que le pedían a Jaime Cárdenas era una actuación urgente y fuera de la ley para ocultar el fracaso de la rifa del avión.

Apenas hace unos días Transparencia Internacional señala los resultados de su investigación analítica sobre los ejercicios de 2016 a 2019, determinando que no hay ninguna muestra del gobierno Federal por enfrentar la corrupción.

De cumplirse la cancelación de los fideicomisos, la cual deberá ser aprobada por el Senado, se estarían cancelando 13 programas del PEF que lesionan directamente a Educación, como las Escuelas de Tiempo completo y el de la Jornada Ampliada que afecta a más de 3 millones de estudiantes. No hay peor ayuda que la del ciego cómplice, el que prefiere no ver para no molestar al tlatoani.

La Alianza Federalista que encabezan varios gobernadores entre ellos José Aispuro Torres, recurrirán a la Corte para tratar de evitar la desaparición de los 109 fideicomisos lo cual lesiona directamente a la sociedad, damos la bienvenida a esta y otras decisiones que ha asumido oportunamente nuestro gobernante.

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