Opinión | Carretoneros

-Oye we ¿por qué andas encabritado? -. Pues no ando encabritado mi estimado Alter, solamente un tanto cuanto  sacado de onda nada más…; – y eso mi cabecita de huevo…-; pues peligros al volante mi Alter; peligros por aquí, peligros por allá.

– Pues ahora qué te paso we; cuéntame…-; Simona la Conductora Haragán. Resulta que no hay un sólo día en que salir a las calles de esta callada y tranquila ciudad colonial…; – no seas mamila…-; así dice la canción ignorante. Te decía que no hay un solo día en que no salgas a transitar por las calles de la ciudad, ya sea en el conglomerado Centro de la ciudad, o en algún punto de la periferia; pero, indudablemente, te vas a encontrar a una singular persona detrás de un volante; ya sea de un automóvil particular, taxi o camión de ruta.

– Claro, pues no vives en un desierto we…-; ya sé Barbaján. Te estoy contextualizando lo que me pides comentarte…; – ¡Ah! Ta güeno -. Y resulta que tampoco hay día en que, mínimo, te encuentres  a esos personajes raros para guiar un vehículo; como si estuvieras pagando algún pecado añejo.

Hoy por ejemplo, al estar detenidos unos momentos en una luz roja del semáforo, tras un “pitazo” del claxon porque la doñita de adelante estaba clavada con su celular, empezó la producción de bilis, pues la singular dama, levantó altiva su cabeza, me echó una mirada como si me quisiera comer y moviéndola como diciendo “qué traes wey”, no avanzó por sus puros ovarios y nos volvió a llegar la luz roja del semáforo.

– Y por qué no la rebasaste we…-; pues porque  es una calle con dos carriles; por el lado izquierdo íbamos ella y tu servilleta, y por el lado derecho iban otros vehículos; así que no había salida de ese vía crucis. – ¿Eso fue todo pinche chillón? -; no, espérate. Pues la doñita seguía en friega loca con el celular, me imagino que estaba mensajeando, dando indicaciones para que su interlocutor sacara la olla de los frijoles de la lumbre, fuera por dos kilos de tortillas, que no fuera a llevar los jitomates magullados y que estuviera listo el “pipirín” para la cena, porque así como iba manejando, seguro es a lo que llegaría.

Pues como dice la canción, “del rojo al verde no hay mucho tiempo para soñar” y, nuevamente, a la doñita hubo necesidad de pitarle para que avanzara. Nuevamente lo mismo, asoma su mirada por el retrovisor para echarme unos ojos como si de esa manera fuera uno a intimidarse; así que levante mi mano…; – ¿Le pintaste dedo?…-; no digas tonterías Parásito; levante la mano para señalarle el reloj, para que entendiera que no todos teníamos su tiempo…; – y cómo reaccionó we…-; pues me sentí como Secretario de Salud ante llamado a la ciudadanía para acatar las medidas sanitarias por el Covid…; – jajaja, o sea que le valieron gorro tus señas -.

Y espérate, aún falta. Pues ya logró avanzar la doña, pero como si fuésemos en cortejo fúnebre, y por el lado derecho, cuando la iba a rebasar, hizo su arribo un camión “Plazuela”, conducido por un amable conductor que, yo creo se percató de lo que acontecía, y se emparejó al vehículo de la doñita y, entre ambos, se propusieron seguir haciéndome la vida difícil.

Más de tres cuadras ninguno dejaba pasar a nadie de los que ya nos habíamos congregado en aquella peregrinación vehicular, como si nos dirigiéramos hacía templo de San Juditas un 28 de Octubre.

– No pues si se pasaron de lanceta we; y nadie les dijo nada, nadie les mentó su madre, nadie les grito: “Órale pend…-; no Alter, nadie de los que íbamos ya desesperados por el valemadrismo de este par de carretoneros…; -porque no se les puede decir conductores…-; exacto, se detuvo a pensar en insultarlos pues mucha fue nuestra sorpresa, mía y de quienes pudimos ver que una tierna manita, salió por la ventana del vehículo de la susodicha; inocentemente pensé que lo hacía para decirnos adiós y ¡Tómala! Salió lo que dejaba ver que era una tierna niña de unos 10 años y levantó su mano derecha y flexionó los dedos pulgar, índice, anular y meñique de su manita derecha y nos pintó con su dedo medio.

– No manches we ¿Neta? -. Simona la Sorprendida mi Alter. Pero viendo la calidad de persona a la que acompañaba la menor, no es extraño ver ese tipo de comportamientos cada vez de manera más recurrente.

– Oye, pues este tipo de circunstancias, no sé por qué, pero suelen abrirme el apetito ¿me invitas unos tlacuaches?…-; nel. – Si no me invitas te voy a pintar dedo we…-; y yo te voy a pintar unos fregadazos para que dejes de andar extorsionándome…; – eres bien culei -. Simona la Regiomontana. Ya vámonos.

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