Opinión | Cien mil y contando

Se han sobrepasado en México las cifras de cien mil muertos y un millón de contagiados por Covid-19. Una tragedia. A la inoperancia gubernamental por frenar esos datos duros de espanto, hay que agregar, desde luego, el comportamiento general de la sociedad. Es mayor, tristemente, el número de personas que siguen mostrando una actitud de incredulidad o de franco valemadrismo ante el flagelo que amenaza a toda la humanidad.

Pero resulta más doloroso y desgarrador el manejo del tema que los políticos mexicanos le pretenden dar al tema, dándole un sesgo electorero, sin importarles en lo más mínimo el dolor de todas aquellas familias que han visto como el coronavirus les ha arrancado a algunos de sus seres queridos.

Fue muy lamentable y nada empática la declaración de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, en el marco de la Semana Nacional de la Transparencia sobre Salud Pública, hace unos días: “La crisis por el covid-19 vino como anillo al dedo a la cuarta transformación, ya que, por décadas, durante el periodo neoliberal, las emergencias se convirtieron en terreno fértil para esa corrupción estructural, para que las grandes corporaciones, los grandes intereses económicos y privados se apropiaran cada vez más de lo público…” Es decir, prefirió contrastar épocas y descalificar presuntos actos de corrupción, en lugar de elegir algún mensaje solidario para con las familias de las victimas por coronavirus. Repitiendo la frase que en su momento dijo López Obrador y por la cual se le criticó, la secretaria no tuvo el mayor empacho en repetirla, sabedora, al parecer, del lugar que ocupa dentro de las preferencias del presidente.

De igual forma, resulta incomprensible la continuidad en su puesto del subsecretario de Salud, Hugo López Gatell. Sus pronósticos errados, su desprecio a la utilización del cubrebocas, sus desplantes ante los representantes de los medios de comunicación, su errática política de prevención parecen razones más que suficiente como para considerar su remoción del puesto. Pero al parecer, AMLO considera que ceder a lo que la lógica y sus detractores le demandan, así como que utilice el cubrebocas para protegerse así mismo y a quienes están cerca de él es señal, ha de pensar, de debilidad.

Con el tema del coronavirus cada vez somos más las personas que hemos visto aquí en Durango como el círculo de contagiados ha ido creciendo de manera dramática. El alto número de personas contagiadas provocó el cambio al temido semáforo epidemiológico a color rojo.

Por otro lado, la frágil economía local padeció ese paso hacia atrás, lo que provocó el malestar entre comerciantes y la clase empresarial.

El día de ayer, en conferencia de prensa, El gobernador del estado, José Rosas Aispuro Torres, acompañado, por el Secretario General de Gobierno, Héctor Flores Ávalos y del Presidente municipal de Durango, Jorge Salum, anunció que se mantiene el semáforo en rojo, aunque cediendo algunos temas de carácter comercial, entendiendo que se debe de cuidar la salud de la población y evitar se colapse por saturación el sistema de salud local, pero que la parte económica no resiste más tiempo en cuarentena y con las restricciones propias que demandan los protocolos de seguridad.

Contribuyamos a generar conciencia atendiendo los protocolos y consumiendo productos regionales y en pequeños establecimientos de comerciantes locales. Denunciemos además a quienes, con fines electoreros, pretenden, bajo el amparo de la pandemia, jalar agua para su molino, de cara al proceso electoral que se avecina el próximo año.

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