Opinión | Clases presenciales ya. Una disyuntiva

El regreso a clases presenciales en nuestro país y en nuestro estado es, desde luego, un asunto necesario e indispensable. Para la UNICEF, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, es un paso clave para la continuidad de la educación y la recuperación de aprendizajes que contribuirá a mitigar problemas vinculados a la malnutrición, la violencia y el embarazo adolescente, entre otros. Sin embargo, lo que se pone en duda es la endeble estrategia gubernamental para poder llevarlo a cabo.

De acuerdo a experiencias de otros países un cierre prolongado puede afectar de manera negativa a toda una generación en el corto, mediano y largo plazo en temas como la perdida de conocimientos y habilidades. En el caso particular de México, esta situación se suma a una crisis de aprendizaje diagnosticada antes de la pandemia. De acuerdo a cifras arrojadas por la evaluación PLANEA 2018, casi el 80% de los alumnos y las alumnas de primaria no alcanzaban los aprendizajes esperados en comprensión de lectura y matemáticas.

Aunado a esto, el improvisado sistema de educación a distancia vía televisión, demostró ser un intento poco eficiente y confiable para desplegar una docencia a los infantes inscritos en el sistema de educación pública a nivel preescolar, primaria, secundaria y preparatoria.

Esta situación, además, agravó el problema de la deserción escolar. Según la Encuesta para la Medición del Impacto Covid-19 en la Educación del INEGI, alrededor de 1,5 millones de niños, niñas y adolescentes entre 3 a 18 años no se reinscribieron en el ciclo escolar 2020-2021 por causas relacionados con la pandemia.

Pero el principal problema no es propiamente el regreso a clases presenciales, sino que reside en la poca o casi nula confianza que los padres de familia tenemos por la vacilante y frágil estrategia de cómo el gobierno federal y el gobierno del estado pretenden generar las condiciones para que esto se dé la próxima semana, es decir, a partir del 30 de agosto.

A decir de los datos de encuestas realizadas recientemente en México, 62% de los padres de familia no quieren que sus hijos asistan presencialmente a la escuela. El 68% de los mexicanos no percibe que el gobierno federal y las administraciones estatales hayan preparado adecuadamente un regreso seguro.

Es muy probable que los focos de alarma que se han encendido en relación a las cifras de niños y jóvenes afectados emocionalmente (miedos, ansiedad, depresión) que siguen en aumento, por eso la necesidad de que aunque ”llueve, truene o relampaguee”, como ha dicho López Obrador, se regresará al esquema de clases presenciales.

Es un hecho que para este inminente regreso presencial a clases, los planteles educativos necesitan mucho más que cloro y gel sanitizante para enfrentar la pandemia. En nuestro país hay muchas promesas y discursos pero faltan dos cosas: presupuestos y confianza.

El regreso a clases presenciales no está a discusión, es necesario. El problema está  en el cómo hacerlo y cuándo hacerlo. Una de las principales inconformidades de padres y tutores es la exigencia de las autoridades de la Secretaría de Educación Pública de una carta responsiva que deberán presentar si envían a sus hijos a las escuelas para, todo hace suponer, eludir la responsabilidad de que algunos alumnos pudieran llegar a contagiarse por las insalubres condiciones en que físicamente aún están muchas de ellas.

A finales del mes de marzo el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, señaló que el regreso presencial a las clases se daría siempre y cuando se cumplieran tres condiciones: semáforo epidemiológico en verde, que el personal docente haya sido vacunado y siempre y cuando  el regreso a la actividad presencial se realice de forma voluntaria, lo que decidirán, en conjunto, madres, padres de familia y autoridades estatales, en atención de las recomendaciones de la Secretaría de Salud.

En Durango estamos a muy poco de que nuestro semáforo epidemiológico estatal cambie a rojo y a unos cuantos días de la fecha marcada hay mucha incertidumbre y desconfianza, sin embargo somos de los estados que han optado por seguir adelante con el regreso a clases presenciales.

En medio de la tercera ola de contagios lo más prudente sería el posponer las clases presenciales. Regresar al esquema presencial es crucial para que nuestros hijos reciban una educación de calidad, puedan socializar y tener una formación integral. Pero lo ideal sería que lo hagan en un marco que nos brinde a todos mayor seguridad y confianza.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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