Opinión | Coahuila e Hidalgo

Paul Leduc, en la memoria

Mientras haya elecciones las oscilaciones en los humores públicos seguirán produciendo triunfos y derrotas momentáneas y espacios para la representación de la pluralidad. Esa letanía elemental viene al caso porque llevamos un buen rato inmersos en esa rutina fundamental que ha permitido la convivencia y competencia de la diversidad política y que debería impedir hablar de triunfos irreversibles o de parteaguas en términos absolutos. Los triunfadores, por supuesto, deben y pueden festejar, intentar imprimirle a su victoria el sentido que quieran (incluso pueden desvariar diciendo que con ellos empieza la historia), pero lo cierto es que, en la siguiente cita electoral, las “cosas” pueden variar, porque México es un mosaico vario de sensibilidades, ideologías y aspiraciones.

Hay que resaltar la buena organización de los comicios en el clima de incertidumbre que impuso la pandemia. Valorar la disposición de los miles de funcionarios de casilla, ciudadanos que generosamente aceptaron recibir y contar el voto de sus vecinos, de los representantes de partidos y de los votantes que cumplieron civilizadamente con su “obligación”. 7,702 casillas se instalaron y solo en una se imposibilitó su funcionamiento. No es una novedad, pero en los tiempos que corren, cargados de desasosiego por la salud y de una espiral de polarización fomentada desde el gobierno, fue muy buena noticia que una rutina estratégica para la reproducción de nuestra convivencia política transcurriera en paz y de manera ordenada.

En Coahuila se renovó el Congreso. El PRI ganó los 16 distritos electorales con el 49.85 % de los votos. El segundo lugar fue para Morena con el 19.51 y el tercero para el PAN con el 9.89 (9 plurinominales equilibrarán la representación). Comparado con lo sucedido en 2017 resulta significativo el desplome del PAN. Hace tres años el PRI ganó 10 distritos, el PAN 5 y la UDC (partido regional) 1. La fuerza del blanquiazul se encontraba fundamentalmente en Torreón y en menor medida en Saltillo, pero ahora no fue competitivo en ningún distrito.

Pero vale la pena comparar los resultados de hoy con los de las elecciones federales de 2018 (ya sé que no deben cotejarse peras con manzanas, pero las cifras son elocuentes y algo nos dicen). Entonces Morena ganó en las elecciones para presidente, Cámara de Diputados y Senadores, con el 36.70, 29.93 y 31.55 % de los votos. El PRI obtuvo en esas mismas elecciones el 24.09, 29.53 y 28.40 % y el PAN el 20.33, 24.92 y 24.89 %. Y los siete distritos federales fueron para Morena. Un marcado cambio en los humores públicos.

En Hidalgo solo se eligieron presidencias municipales. Y faltando tres por definir el reparto es: PRI 31, PRD 7, Morena 6, PAN-PRD 5, PAN 5, Nueva Alianza 5, PES 5, PT 4, Verde-PT-Morena 4, MC 3, PVEM 3, Podemos 2 y un independiente. Hace 4 años, en 2016, las presidencias municipales se repartieron de la siguiente manera: 22 PRI, 17 PAN, 15 PRD, 8 PES, 6 PVEM, 5 Panal, 5 MC, 4 PT, 1 Morena, 1 independiente. Y en 2018, de manera más categórica que en Coahuila, Morena ganó en las elecciones para presidente, diputados y senadores. Sus porcentajes fueron: 51.49, 46.38 y 47.68, respectivamente. Mientras el PRI apenas llegó a 15.39, 18.82 y 19.07 y el PAN a 10.15, 9.23 y 9.54.

Las elecciones son el único medio legítimo para arribar a los cargos de gobierno y legislativos. Y esperemos que ese expediente siga asentándose. El resto lo harán los electores.

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