Opinión | Como anillo al dedo

Estimados lectores, reanudo con gusto mis colaboraciones en el Victoria de Durango con este artículo que escribí en marzo pasado, pero sigue siendo vigente. Cuando se dice que algo queda “como anillo al dedo“ se trata de resaltar lo sucedido a manera de una oportunidad y no una adversidad. En el caso de la pandemia el Presidente Andrés Manuel López Obrador expreso esta frase al principio de la misma, relacionándola como una oportunidad para la Cuarta Transformación de intensificar las acciones destinadas a mejorar la calidad de vida de los más pobres, quienes son los grupos prioritarios del proyecto gubernamental y los más vulnerables a los efectos del Covid-19. Algunos han querido asociar esta frase dicha por el Presidente con algo “perverso o festivo”, lo cual es una falsedad y viene siendo parte de la campaña sin sentido contra lo que dice el Presidente. Sin embargo, falta que el Presidente “ponga el pie en el acelerador”  fortaleciendo la rectoría del Estado, para evitar que los estragos en la economía provoquen más daños en estos grupos vulnerables.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en su primer informe especial sobre la evolución y los efectos de la pandemia del Covid-19 en la región, plantea que las acciones para mitigar el contagio masivo de este virus como el autoaislamiento, la cuarentena y el distanciamiento social, provocarán simultáneamente el aplanamiento de la curva de contagio y la desaceleración e interrupción de las actividades económicas.

Asimismo, afirma que la interrupción de la producción y la contracción de la demanda, como consecuencia de este emergencia sanitaria, pondrá en entredicho los mecanismos tradicionales del mercado que en términos de la Cuarta Transformación es el cuestionamiento a las ideas neoliberales de reducir la intervención del Estado en la economía para propiciar el abuso de la concentración de la riqueza y la consiguiente proliferación de la corrupción.

En este mismo sentido, el informe de la CEPAL manifiesta que el Estado, ante estas nuevas condiciones sociales y económicas que se generarán, debe implementar una planeación rectora para “sostener y después estimular la oferta y la demanda, con capacidades y recursos públicos, e instrumentos de política que deben diseñarse de acuerdo con las capacidades productivas del país”.

Debido a la irrupción inesperada de esta epidemia, los gobiernos han estado experimentando alternativas para contener el coronavirus 19 lo que ha provocado en algunos casos, la aparición de desacuerdos entre los gobiernos nacionales y subnacionales, descontentos sociales y agudización de las carencias en los sistemas de salud. El Covid-19 tendrá efectos nocivos de mediano y largo plazo en la oferta y demanda de bienes y servicios, y en las condiciones sociales y económicas de los grupos vulnerables como el desempleo y el desabasto alimentario.

México, a través de la Cuarta Transformación requerirá redoblar esfuerzos y destinar más recursos públicos para evitar que estos efectos negativos de la pandemia se intensifiquen y profundicen en los próximos meses. Es la hora en que el Estado Rector de Bienestar  intervenga decididamente  y con más ahínco en el ordenamiento y mejoramiento de las políticas públicas, cuyo eje es el bienestar de todos los mexicanos, empezando con los pobres. Continuaremos comentando al respecto. Hasta luego.

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