Opinión | Con los niños no… y la caja china

Mariano Cervantes

Suena maquiavélico, pero al hablar ahora del hijo del presidente, los memes y la defensa, la legión ha conseguido que dejemos de hablar de los sacerdotes asesinados en Chihuahua ¿caja china? ¿genialidad de comunicación? ¿utilizar y sacrificar la imagen de un menor para que se deje de hablar de un mal mayor?… ¿a quien hay que reclamarle que “con los niños no”?

Uno de los grandes efectos negativos de las redes sociales es la capacidad que tienen para proyectar, multiplicar, dispersar, maximizar… viralizar, temas que pueden ser de interés, divertidos o morbosos, pero que pueden no ser ciertos o fuera de toda ética.

Cuando el maestro Umberto Eco decía que ahora las redes sociales dan a cualquiera tiene el mismo derecho a habar que un premio Nobel, señalaba como estos instrumentos que han marcado nuestra época, las redes, permiten que la discusión pública sea con frecuencia secuestrada por “legiones de idiotas” (imbéciles o necios, según se traduzca).

Estas legiones son las mismas que se burlaban, difundían y hacían eco de los insultos hacia los hijos de anteriores presidentes y estas mismas legiones son las que hoy se rasgan las vestiduras cuando la víctima de esa mofa es el hijo del presidente López.

Y son imbéciles no por defender a un adolescente, sino por no haber defendido antes a otros en igualdad de circunstancias; por ser incongruentes.

Con o sin defensa de las legiones, antes y ahora es ofensivo que se haga burla de cualquier niño, lo mismo del hijo del presidente que del pequeño que hace malabares en un crucero a cambio de unas monedas.

Nunca ha sido aceptable, no es aceptable hoy atacar al hijo de Andrés Manuel y Beatriz, ni siquiera sabiendo que la 4T nunca se detuvo para, incluso, usar el poder del estado contra el hijo de Felipe Calderón con tal de atacar al expresidente. Y que los seguidores de esa entelequia, la 4T, nunca se contuvieron para insultar a las hijas de Enrique Peña Nieto.

Hay quien le recuerda a López Obrador cuando él criticaba a Agustín Carstens porque según él, no sabía comer, tomaba cocacola, consumía sabritas y gansitos. El mismo AMLO hoy predica que la gente debe alimentarse sanamente y no comer chatarra, y le reclaman que entonces con qué derecho se queja de que pongan en evidencia que su hijo con sobrepeso parece no haber escuchado tales consejos.

Al final es el uso de la imagen del hijo para cuestionar al mandatario. Aunque no es lo mismo cuestionar su discurso de austeridad evidenciando la vida de millonario que se da su hijo mayor de edad, que cuestionar su prédica de alimentación saludable evidenciando la talla de su hijo porque en este caso se trata de un menor de edad.

Pero… ¿quién se ha beneficiado con este debate?

Traer a los espacios de discusión la agresión contra el hijo menor de la familia presidencial ha sido muy oportuno para el discurso oficial. El caso es que no es la primera vez que cuando hay un tema incómodo para AMLO, cuando hay un asunto de interés público que se le va de las manos, cuando hay un reclamo social… el presidente ha tenido siempre la habilidad de desviar la atención con otro asunto.

Si el reclamo era por la falta de medicamento para los niños con cáncer, Andrés Manuel ponía sobre la mesa la rifa del avión presidencial; si el reclamo era por la casa gris de su hijo José Ramón, AMLO saca el tema del penacho de Moctezuma; si hay indignación por la inseguridad, él pide que se hable del horario de verano…

Por eso ahora que la indignación, el reclamo, el tema es como el crimen ha tomado posesión del país al grado de asesinar a dos sacerdotes en Chihuahua, el presidente está dedicando su atención a un tema más importante para él: “con los niños no” que más bien debe leerse “con mis hijos no”.

No le importa que pase con los niños con cáncer; con los miles de hijos de madres trabajadoras a las que dejó sin guardería; no le importó lo que pasó con los niños masacrados de la familia Lebarón.

Le importan sus hijos y le importa que se deje de hablar del fracaso de estrategia de seguridad, de sus fracasados abrazos, de los asesinatos.

Por eso dos de un tiro; defiende a su retoño y al mismo tiempo consigue cambiar de tema.

 

@MCervantesM

 

 

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