Opinión | Confundir las prioridades

Fernando Ramírez Guzmán

Un video, que se volvió viral en redes sociales, mostraba como hace unos días un grupo de civiles asediaron y corretearon a integrantes de la Guardia Nacional en el municipio de Múgica en Michoacán. Las críticas no se hicieron esperar por la falta de respeto a los militares y la humillación de la que fueron objeto, además de por su postura pasiva y condescendiente. Ante este suceso, el presidente López Obrador declaró: “Los soldados perseguidos por integrantes del crimen en Michoacán ‘actuaron de forma responsable’ porque evitaron enfrentamientos y muertes. La misión de este gobierno es cuidar a los integrantes de las fuerzas armadas, pero también a los delincuentes, que son seres humanos”.

Si bien es cierto que, efectivamente, los delincuentes son seres humanos, también es cierto que además son asesinos, secuestradores, violadores, torturadores, ladrones y un largo etcétera. Más que cuidar o proteger a los delincuentes, la función del Estado es perseguirlos, atraparlos, denunciarlos, presentarlos, juzgarlos, encarcelarlos y asegurarse que cumplan su condena.

Para muchos, las declaraciones del presidente fueron debido a algún exabrupto o de algún desliz al calor de la discusión. Pero no, AMLO ratificó su postura. Señaló: “Ayer hablé de que se tenía que proteger también la vida de presuntos delincuentes, que son seres humanos y me llamó mucho la atención de que intelectuales o profesionales supuestamente progresistas me cuestionaron”. Es más, ya antes había fijado una postura similar. En febrero del 2020 aseveró: “Los delincuentes son seres humanos que merecen nuestro respeto y el uso de la fuerza tiene límites, básicamente es para la legítima defensa”. El secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, secundó: “No había una agresión armada, no había que responder con la fuerza”, justificó.

Preocupa también que el Estado claudique y deje de imponer el monopolio de la violencia, que por ley le pertenece, para someter a los violentos. En lo que va del actual sexenio, de acuerdo a un recuento realizado por El Universal, por lo menos en 24 ocasiones los militares han sido deshonrados, agarrados a escobazos, pedradas, y palazos por ciudadanos o integrantes de grupos delictivos.

El tema de cuidar a los delincuentes muy seguramente debió de causar indignación tanto a familiares y amigos de militares, como de quienes han sufrido alguna perdida a manos del crimen organizado. En Durango, por citar un ejemplo, entre los años 2011 y 2012 se encontraron 15 narcofosas clandestinas en donde fueron exhumados cerca de 400 cadáveres, 26 de los cuales pertenecieron a mujeres.

Alrededor de 130 fueron identificados y recuperados por sus familias, los demás fueron a dar a una fosa común, en el anonimato. Los datos se multiplican por cientos en todo el país. Por eso, el presidente debería de retractarse de lo que dijo y pedir una disculpa a todas estas familias.

También debería de repensar su estrategia de abrazos y no balazos. A estas alturas debería de saber que su plan de otorgar becas del programa Jóvenes Construyendo el Futuro no sirve para alejar a la juventud del crimen organizado.

AMLO ni la 4T deben de cuidar a los delincuentes, deben de aprenderlos y encarcelarlos. Están obligados a hacer prevalecer el Estado de Derecho.

A quien deben de cuidar es a la población, sobre todo a las mujeres, a los niños y a los periodistas. Están a tiempo de reencausar sus prioridades.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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