Opinión | Contagio presidencial

Solo era cuestión de tiempo. Era un hecho inminente. Desafiar a la pandemia estando presente en reuniones en ambientes cerrados, sin utilizar cubrebocas, sin guardar la distancia, saludando de mano es una apuesta totalmente desfavorable en donde tarde o temprano llevará al contagio. Pues bien, eso fue lo que le ha sucedido al presidente de México. Se ha contagiado.

Ya sea porque en un principio se desestimó la gravedad que traería consigo la pandemia, porque se minimizó la gravedad de los daños a la salud que provoca el coronavirus, López Obrador se mostró siempre con una actitud más bien relajada ante la inminente amenaza que representaba el covid. En el pasado mes de junio, y luego de desdeñar la utilización del cubrebocas declaraba: “Estar bien con nuestra conciencia, no mentir, no robar, no traicionar, eso ayuda mucho para que no dé el coronavirus”. Declaró que a él lo protegían amuletos y estampitas que le regalaba la gente, como el Detente. Esa actitud presidencial, desde luego que contribuyó a instalar en amplios sectores de la sociedad la idea de escepticismo ante el riesgo de contagio y, sobre todo, para la utilización de la mascarilla protectora. Asimismo, se recuerdan los disparates con fundamento no científico, ni médico, sino más bien abiertamente zalamero o lambiscón de parte del subsecretario Hugo López Gatell quien declaró: “La fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio…el presidente no es una fuerza de contagio, entonces no tiene porque ser la persona que contagie a las masas, o al revés”, agregó.

De momento y afortunadamente López Obrador ha informado que de momento tienen síntomas leves y ha recibido apoyo médico de manera temprana. En las redes sociales, ante este tema, no ha estado exenta la polarización de comentarios de quienes desean la recuperación del mandatario y de quienes festejan y desean su desgracia. Esto último, desde luego, resulta lamentable. Lo cierto que para la vida institucional del país, la fragilidad en la salud del presidente no es algo deseable ni mucho menos conveniente.

Se dice que en su momento el presidente Adolfo López Mateos, se recluía en una habitación oscura para mitigar los fuertes dolores de cabeza que padecía producto de un aneurisma. De Gustavo Díaz Ordaz, las leyendas urbanas de la época hablan que fue intervenido en el Hospital Central Militar debido al desprendimiento de retina que le ocasionó el derechazo de quien se decía era su amante, la actriz Irma Serrano, “La Tigresa”. Ernesto Zedillo se sometió a una microcirugía de la rodilla derecha y se ausentó por seis semanas por recuperación y rehabilitación. Vicente Fox, por su parte, fue intervenido de manera urgente por una hernia de disco a nivel lumbar. En aquel entonces se discutió sobre el tema de vacío de poder porque la intervención duró 4 horas, mismas en las que estuvo anesteciado, mientras que en la ONU se votaba la intervención militar en contra de Irak y al pertenecer en ese entonces al Consejo de Seguridad de la ONU, el voto de México sería determinante. Se recuperó tras diez días de reposo. Felipe Calderón, en cambio, se cayó de una bicicleta lo que le provocó fractura del hombro izquierdo, pudo realizar sus actividades utilizando un cabestrillo. Finalmente,  a Enrique Peña Nieto le retiraron un nódulo tiroideo y se ausentó de sus actividades por cuatro días.

López Obrador, de acuerdo a las actualizaciones sobre su estado de salud, no le han impedido el ausentarse, solo sus actividades las realiza a distancia, desde Palacio Nacional en donde deberá permanecer al menos catorce días en cuarentena, como marcan los protocolos para evitar que contagie a alguien más.

Esta pausa involuntaria que tendrá en sus actividades cotidianas ojalá y le sirvan para reflexionar con las cosas que no se han hecho bien por su gobierno relacionadas con la pandemia. Una de ellas, el dejar de lado la soberbia y se muestre con cubrebocas en actos públicos. Esa imagen representaría un ejemplo para la población. Como líder que es debe hacerlo para bajar ese mensaje con quienes lo apoyan, que no son pocos. Utilizarlo no es, para nada un signo de debilidad, como aparentemente él lo considera.

El contagio presidencial también es un fuerte llamado de atención para quienes tienen la responsabilidad de salvaguardar la salud y la integridad del presidente. En este tema tan importante no hay lambisconerías que valgan.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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