Opinión | Contrapunto

Por Mariano Cervantes

AMLO; fuerza en decadencia

Nunca a ningún gobernante le ha sentado bien verse débil o enfermo; politólogos han señalado incluso casos de políticos de los más altos vuelos que han perdido una elección tras un tropiezo, no político sino un trastabilleo o una pérdida momentánea del equilibrio.

Este lunes, poco después de  las tres de la tarde, el presidente Andrés Manuel López salió del palacio y se aseguró de que lo vieran y lo fotografiaran con su gorra y su sudadera de la selección mexicana de beisbol.

Se dejó correr la versión de que iba a algún campo cercano a “macanear” a batear algunas bolas…

Lo que se vio fue una urgencia enorme de mandar el mensaje de que el presidente está bien, saludable y fuerte, luego de que tres días antes fue sometido a un cateterismo cardiaco en el Hospital Central Militar.

El mensaje de que el presidente está tan sano que puede jugar beisbol, es aún más urgente cuando en el mensaje que grabó en video y publico luego del cateterismo, se le vio gesticulando solo con uno de sus brazos sin mover el otro.

No se supo que efectivamente haya tomado un bat, posiblemente no llegó a hacerlo pues después del procedimiento médico no debería hacerlo, pero el mensaje era ese, el verse fuerte con ropa de beisbol. Finalmente él, personalmente nunca dijo que iba a jugar.

Y cuando alguien con las características de López Obrador se esfuerza en demostrar que está bien, hace pensar todo lo contrario. Si estuviera en pleno uso de sus facultades físicas no tendría porqué demostrarlo. Aunque un presidente, o mejor dicho, un personaje construido de imágenes, seguramente necesita reforzar eso que le resulta tan valioso.

No debe resultar muy cómodo para Andrés Manuel que las redes sociales le estén recordando a cada rato aquel mensaje que publicó cuando se rumoraba que Enrique Peña Nieto estaba enfermo: “Existe el rumor de que EPN está enfermo. Ni lo creo, ni lo deseo. Pero es una buena salida para su renuncia por su evidente incapacidad” y que ahora mucho más merecido, se lo apliquen a él.

Se sabe, es un hecho que el AMLO ya sufrió un infarto hace ocho años, padece hipertensión y ha estado dos veces contagiado de Covid-19. Su salud no es la mejor.

Pero él mismo ha admitido la posibilidad de morir “no puedo abandonar a un país en proceso de transformación, es mi responsabilidad con estos antecedentes del infarto y de hipertensión sin tener en cuenta la posibilidad de una pérdida de mi vida”, dijo al dar a conocer que elaboró un testamento político, en el que seguramente dejó indicaciones sobre quienes deben encabezar su movimiento e incluso quien debería ser el candidato de Morena a la presidencia de la república en caso de no estar él para hacer directamente la designación.

Otro hecho que tiene que ver con aquel twit en el que habla del rumor de que Peña estaba enfermo y de que era su oportunidad de renunciar, es algo que López Obrador no va admitir pero que su caso es incuestionable: su evidente incapacidad. Incluso entre miles de quienes hasta hace poco defendían las virtudes del presidente, cada vez son más quienes reconocen eso, la evidente incapacidad de López Obrador para gobernar.

Desde luego no es deseable que su salud empeore y mucho menos que se vaya a convertir en mártir, cuando todavía tiene que rendir cuentas por todo el daño que está causando a México.

Va en la segunda mitad de su mandato y cada vez se le ve menos fuerte, especialmente en lo político y en lo moral. Su fuerza moral es cada vez más cuestionable.

 

@MCervantesM

 

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