Opinión | Economía de la Felicidad (Parte 1)

¿Existe algún vínculo entre la economía y la felicidad? Al respecto escribiré esta y la siguiente semana ya que es un tema por demás interesante, la fuente de la investigación es un texto que escribió Mariano Rojas en El Trimestre Económico vol. LXXVI (3), núm. 303, julio-septiembre de 2009, pp. 537-573. 

En los decenios recientes ha habido un mayor interés de las ciencias sociales por estudiar directamente la felicidad. Este auge implica un cambio metodológico en el estudio de la felicidad: mientras la tradición filosófica apela a la capacidad de discernimiento para identificar los componentes de una vida feliz (enfoque sustantivo de enumeración de atributos), el nuevo interés por el estudio de la felicidad utiliza el enfoque científico basado en la medición, la elaboración de teorías, el planteamiento y corroboración de hipótesis, y la reformulación de teorías. 

Durante los años recientes los psicólogos han utilizado el enfoque de bienestar subjetivo para estudiar la felicidad (pregunta directamente a las personas acerca de su felicidad y utiliza esa información para corroborar hipótesis y para identificar los factores relevantes para la felicidad de las personas); de igual manera lo han hecho algunos sociólogos. Los economistas, por tradición renuentes a la medición directa del bienestar, han ingresado un poco tarde al estudio de la felicidad. Sin embargo, desde dos décadas atrás muchos economistas han incursionado en el estudio de la felicidad. El crecimiento exponencial en la investigación de economía y felicidad ha da do origen a una nuevo campo dentro de la disciplina económica, que ha sido denomina da “la economía de la felicidad”.

Los psicólogos se han interesado más por la felicidad como emoción y por ello preguntan a las personas: “¿qué tan feliz se siente usted?”. Sin embargo, los sociólogos y economistas prefieren la felicidad como evaluación o apreciación de vida; recurren, por lo general, a preguntas directas: “si considera todo lo acontecido en su vida, ¿qué tan feliz es usted?”, o “¿qué tan satisfecho está con su vida?”. Obsérvese que la felicidad es, en consecuencia, una apreciación hecha por el interesado respecto a su experiencia de vida. No cabe, por tanto, hablar de una percepción de felicidad que puede ser correcta o errónea; sino de una apreciación que hace la persona acerca de su vida y que, por su naturaleza, es inherentemente subjetiva. Por esta misma razón tampoco cabe hablar de la felicidad subjetiva, ya que no puede haber una felicidad objetiva.

Existen tres modos para abordar el estudio de la felicidad. Un primer modo consiste en el estudio directo de la felicidad de los seres humanos. Sin embargo, pocos economistas incursionan en el estudio directo de la felicidad, ya que su estudio demanda ir más allá de la formación disciplinaria y de los limitados modelos que estas disciplinas proponen para entender al ser humano. Un segundo modo lo constituye el estudio de la relación entre la felicidad y variables económicas como el ingreso, el desempleo y la inflación. Este tipo de investigación ha generado una abundante bibliografía durante los pasados dos decenios. Un tercer modo consiste en la utilización de la felicidad como proxy de la utilidad. El tener una variable observable y medible de la utilidad permite abordar muchos temas de bienestar, en los que los economistas se han visto obligados a hacer grandes supuestos sin corroboración. 

Un tema que ha preocupado mucho a los economistas y filósofos es la comparación interpersonal del bienestar. Esta preocupación es más de discusión académica, ya que en la práctica de la política pública, e incluso en la enseñanza de la economía la comparación interpersonal se asume de manera recurrente. Por ejemplo, en la política pública el ingreso es constantemente comparado entre hogares y entre personas y esta comparación de ingreso no se debe a sus propiedades cardinales y de variable objetiva, sino a que se presume que hay una relación estrecha entre ingreso y bienestar, a que esa relación es idéntica para todas las personas y a que ese bienestar es comparable.

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