Opinión | El circo

-Oye we…-; dime Alter. – Cuando eras niño ¿Llegaste a ir al circo? -. Claro. En repetidas ocasiones. – Y hay algo que me quieras platicar sobre esos momentos de diversión -. Pues de eso fue hace muchos años mendigo Pelafustán; pero deja rememoro algo de aquellos tiempos.

De lo primero que me acuerdo, es que corría la década de los 80. En ese tiempo los principales circos como el Atayde, que recuerdo su pegajosa propaganda de “Vamos… Vamos… Vamos, al Circo Atayde Hermanos”; el Ringling Brothers and Barnum & Bailey Circus; el de los Hermanos Bells; el de los Hermanos Fuentes Gasca; pero al ser éstos, circos de renombre y con espectáculos “de calidad internacional”, los precios no eran muy accesibles para que el Jefe de jefes, nos pudiera llevar.

Poco a poco circos como el de los Hermanos Vázquez; el famoso Circo Unión y otros que solían asentarse principalmente en un terreno enorme por la Calzada de Tlalpan, que llegó a adoptar el nombre de la Carpa Astros; o en “Buenavista, Buenavista, Buenavista”, fueron abriéndose a las posibilidades de que familias de no muy desahogadas economías pudiésemos asistir a presenciar los actos circenses.

– No pues que mal que no contabas con los medios para asistir a ese tipo de diversiones we…-; anda, mira nada más; no me digas que tú si podías hacerlo. – Pues déjame decirte que, aunque yo provengo de una familia bien acomodada, pues no solíamos asistir a ese tipo de espectáculos -.

No me digas que tú eres de una familia acomodada mendigo Sátrapa…; – pues sí te lo digo pinche Coco Liso. Con decirte que éramos tan bien acomodados, que podíamos sentarnos siete personas en un espacio de tres metros cuadrados; en donde mi Jefe, la Jefa, mi “agüelita” que siempre he dicho era una mujer sabia, mis tres hermanos y tu servilleta, nos hacíamos acompañar de la estufa, la alacena, la mesa en donde se colocaban los platos que se repartirían entre los presentes; el banco con la olla del “agua hervida” (no había para filtros) y aquel pequeño refrigerador que solía no siempre estar acompañado en demasía -.

No manches Haragán. Es neta que así comías. – Neta we. Siempre hemos sido una familia como los muéganos. Siempre juntos hasta para ca… No, ahí si no estábamos unidos, cada quien por su lado. Pero aún recuerdo aquellos diálogos recurrentes en esos momentos de gloria y de convivencia familiar en aquel espacio, donde los platos en las piernas eran un verdadero acto de malabarismo.

“Hazte pa´lla… Pásame una tortilla… Sírveme más agua… Yo por qué… Porque tú estás más cerca… Yo estoy comiendo… Yo también pero ya se me atoró… Mamáaa, dile que me sirva… Pues tú levántate… Fíjate, ya me pisaste menso… Pues te dije que me sirvieras… No soy tu criada… Me sirves otro poquito”; y así, podíamos pasar horas en aquel refugio culinario.

Más cuando en la sobremesa, acompañados de una taza de café negro como tu alma pinche Tío Lucas o una taza de canelita con limón, llegaban las historias que se escuchaban una y otra vez de cómo se conocieron los patrones, de cómo se divertían cuando eran niños; llegaban las historias de la más grande de la casa, me refiero a la “agüelita”, sobre aquellos años post Revolución, pues su nacimiento se dio en pleno estallido, 1910.

¡Ah! Que recuerdos mi cabeza de aceituna. Pero me decías del circo -; pues como siempre we, te agandallas mi espacio con tus chocoaventuras y a mí no me dejas ni hablar. – Anda, cuéntame -. No pues te decía que como no alcanzaba para ir a los circos de renombre; pues haya por el 83 u 84, surgió un espacio en donde se dio vida a la lucha libre, que fue cuando tomó fuerza el famosísimo “Pavillón Azteca”.

Estaba ubicado exactamente enfrente del imponente Estadio Azteca, en cruzando la avenida de Tlalpan. Allí, en determinadas temporadas, se instalaban en la carpa, circos que ofrecían espectáculos de calidad, pero a precios bajos. Quizás porque Televisa pudo haber estado involucrada; pues ya la lucha libre iniciaba sus transmisiones de “Los súper lunes de lucha libre” por el canal 4 y eso permitía que los eventos en ese lugar fueran a precios populares.

Por cierto ahí también fue donde surgió el ídolo de la lucha libre por mucho tiempo “Súper Muñeco”, pero de lucha libre en otra ocasión te cuento.

Recuerdo que todavía debo tener una fotografía en las gradas del circo del Pavillón Azteca, en donde se deja ver mi padre, mis hermanas, y un wey con una máscara de Pistachón Zigzag, aquel personaje de Odisea Burbujas; pues el circo era precisamente de estos personajes de la televisión…; – no me digas que ese wey de la máscara eras tú…-; pues estaba uno chavo pinche Sanguijuela.

– Y mira cómo han cambiado los tiempos we…-; sí, ha cambiado bastante todo. – Nada más ve. Ahora cualquiera se cree payaso, cualquiera puede hacerse el chistoso, cualquiera puede subirse a la pista para provocar la risa del respetable -; o sea ¿Has regresado a algún circo? No lo sabía. – No wey, pero en ocasiones veo la Mañanera y ahí hay un we que se cree el bufoncito de la pista; y luego cuenta chistes que solamente él entiende…-; tenías que salir con tus cosas. Ya vámonos…; – invítame unos tacuches de suaperro como los que te chutabas en la Calzada de Tlalpan por aquellos años we…-; no porque siempre andas metiéndome en aprietos.  – No le saque we -.

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