Opinión | El corrupto es usted

Carlos Loret de Mola

El presidente lleva varias semanas obsesionado con cuánto gano y qué tengo. Lo hace porque no puede explicar cómo su hijo se volvió millonario de la noche a la mañana sin trabajar. Pero en el camino, me calumnia, porque dice que lo que tengo es fruto de la corrupción.

Mire, presidente, sé que usted esto no lo entiende muy bien, pero se llama trabajo. Yo desde hace más de 20 años he tenido trabajos formales, a la vista de todos, espacios periodísticos que afortunadamente han contado con la preferencia de mucha gente. Los medios de comunicación para los que he trabajado están acreditados, son muy conocidos, me han depositado mis honorarios en transferencias bancarias, he pagado mis impuestos y con lo que he ahorrado, he mejorado mi modo de vida.

Yo no soy el que no puede explicar de qué ha vivido, ese es usted. Yo no soy el que pasó 13 años –entre jefe de Gobierno y presidente– sin trabajar, reportando que no tenía ingresos. Ese es usted. Yo no soy el que ha vivido de recibir sobres amarillos con dinero en efectivo. Yo no soy el que se mantiene con “aportaciones” que todos sabemos qué son: corrupción. Yo no soy el que no ha pagado impuestos. Yo no soy el que dice que no usa tarjetas de crédito ni tiene créditos. Yo no soy el que trata de engañar con el cuento de que le alcanza con 200 pesos en la cartera. Yo no soy el que tiene hijos que nunca han trabajado y de pronto se volvieron millonarios. Yo no soy el que tiene hijos que se convirtieron en coyotes del gobierno de papá. Yo no soy ese. Ese es usted.

Yo puedo entender que a usted no le guste mi trabajo periodístico, está en todo su derecho, pero un dinero mal habido –un chayote, como se dice– no me lo va a encontrar. De hecho ya no me lo encontró y ya le dijeron que yo no soy así. Yo no soy corrupto. De ese pie yo no cojeo. Eso usted ya lo sabe porque me ha mandado investigar hasta por debajo de las piedras, y con qué se ha topado: con que mis ingresos (que tanto le molestan) provienen de los medios de comunicación para los que he trabajado en mi vida. Eso, eso es lo que dice usted mismo.

No hay videos míos recibiendo dinero en efectivo clandestinamente. Hay de dos hermanos suyos, y de su secretario particular de ahorita, y de su secretario particular de antes, y del que era su secretario de Finanzas. Yo no tengo que pedirle a un amigo empresario que simule un empleo para justificar una vida de lujos en el extranjero. Esos son usted y su hijo.

Y no voy a detenerme en contestarle otra vez que si infló los montos, que si exageró las propiedades, si me atribuye departamentos que no son míos, si un día dice que es un terreno grande, y al día siguiente dice que no tanto. Eso es lo de menos, los mexicanos ya estamos acostumbrados a sus datos falsos.

Usted ha decidido usar todo su poder para calumniarme por venganza. Y con sus mentiras, ha puesto en riesgo la seguridad de mi familia. Ha usado todo el poder del Estado para emprender una persecución contra un periodista, violar su vida privada, exhibir direcciones, y ponerme a mí y a mi familia a merced de los delincuentes a los que usted trata con tanto cariño.

¿Por qué lo hace? Porque no ha podido desmentir un renglón de las investigaciones. ¿O no vivía su hijo José Ramón en la casa gris de Houston? ¿No tenía una alberca de 23 metros? ¿La casa no era de un alto ejecutivo de una petrolera a la que le han triplicado pagos en su sexenio? ¿No era Pío, su hermano, el del video recibiendo dinero en sobres? ¿No era Martín, su otro hermano, el del otro video, haciendo lo mismo? ¿No era su secretario Esquer el del carrusel de cash? ¿No era su prima Felipa la de los contratos en Pemex? No nos ha podido desmentir y eso lo tiene furioso, fuera de sí, con un apetito de venganza que no parece tener límites.

En el país hay un nivel de inseguridad récord, la carestía desatada, hace 20 años no había tanta inflación, el sistema de salud está colapsado y la corrupción ya lo salpica a usted y a su familia. Y en vez de gobernar, usted escala a diario los ataques contra un periodista que le está diciendo la verdad. Usted lo ha admitido públicamente: no me estaría atacando si no hubiéramos publicado los reportajes. Ese es el mensaje de un tirano.

El que está bajo sospecha es usted. El que tiene que explicar cuánto tienen sus hijos y cómo lo obtuvieron es usted. El que tiene que explicar cómo pasaron de clasemedieros a millonarios en un par de años, es usted. Usted es el que tiene que explicar qué negocios están haciendo, a cuántos amigos metieron a posiciones del gobierno y qué beneficios están recibiendo de esto.

Yo he estado haciendo mi trabajo, el trabajo de cualquier periodista: revisar al poder. Y usted ha estado tratando de atacarme para que yo me doble y me calle. Pues no me voy a doblar y no me voy a callar. Usted se comporta como un autócrata que trata de silenciar a la prensa. Sepa que yo voy a seguir haciendo periodismo y voy a seguir ejerciendo la libertad de expresión al costo que sea.

 

 

 

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