Opinión | El juicio del Núremberg mexicano inicia

La derecha, entre otros temas de ataque al presidente Andrés Manuel López Obrador (Amlo), y a su gobierno, era acusarlo de que solo en el discurso combatía a la corrupción. No obstante que ya había gente en la cárcel, otros huyendo con ordenes de aprehensión, algunos más con amparos; pero, los conservadores azuzaban tratando de minimizar y hasta insinuar vínculos de Amlo con la corrupción, sin aportar pruebas, salvo argumentos baladíes.

Las declaraciones del Fiscal General de la República Alejandro Gerts Manero, en el sentido de que Emilio Lozoya Austin, señaló a Luis Videgaray y a Enrique Peña Nieto, como responsables de haber aceptado sobornos de la empresa brasileña Odebrech, cien millones de pesos los habían usado en la campaña presidencia de Peña Nieto para pagar asesores extranjeros.

Ciento veinte millones de pesos se había distribuido entre cinco senadores y un diputado, para que aprobaran las reformas estructurales, y, otras turbiedades en las que presuntamente están involucrados exlegisladores, hoy gobernadores.

Los conservadores quedaron mudos, apenas balbuceos de diputados panistas y priistas de que se deberían comprobaran los señalamientos, que se violaba el debido proceso, y otros débiles intentos por asumir la defensa y la justificación de lo indefendible e injustificable.

Gerts Manero habló de otros pasos del proceso que se llevarán a cabo, habló de que podrían ser llamados a comparecer las personas señaladas, esto es Luis Videgaray, Peña Nieto, y los cinco entonces senadores y el diputado que fueron sobornados de los cuales se reservó sus nombres.

El presidente López Obrador fija posturas: Si Lozoya acusa, debe probar, lo cual sabe, y lo sabe bien, que esto será comprobado. Enfático dijo que Luis Videgaray y Peña Nieto deben comparecer y declarar. El presidente agregó que la corrupción no es solo de este sexenio, viene de todos los gobiernos neoliberales, desde Carlos Salinas, a quién desde años atrás, en reiteradas ocasiones, había acusado de ser el jefe de la mafia en el poder.

La derrota en las urnas rompió el esquema de la repartición del poder entre las familias poderosas que hacían de México un botín. A partir de la decisión del presidente de combatir la corrupción por ser uno de los mayores males de México junto con la violencia. Empezaron a caer hombres poderosos como Juan Collado, Alonso Ancira, Rosario Robles (más utilizada que poderosa) y en la mira Carlos Romero Deschamps (hombre útil pero sin pedigree) y lo que sería la llave para abrir las cañerías, la detención de Emilio Lozoya Austin.

Hombre fuerte en el sexenio de Peña Nieto, conocedor de los laberintos de la corrupción, de la cual sin duda se benefició, al ser ordenada la orden de aprehensión en su contra, ejecutada la de su mamá, perseguidas su esposa y hermana.

Sin contar con ninguna protección de la mafia que se había apoderado de México, borrada del escenario político con el voto ciudadano en el 2018, con una estrategia jurídica de alto nivel. Vio que podía ir a la cárcel junto con su familia y decidió romper la regla no escrita de aguantar y callarse.

Lozoya busca los beneficios en su calidad de colaborador. Su lógica es sencilla, soy culpable, pero no lo hice solo, ni por mi voluntad, hay culpables y quienes ordenaban los ilícitos. No me voy solo al desfiladero, se viene conmigo los demás.

Momento importante el que vivimos, la rueda de la historia está dando un giro increíble, podían ir a la cárcel hasta tres expresidentes por delitos que no prescriben, el juicio del Núremberg mexicano inicia. O no.

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