Opinión | El presidente nos vale

Tengo amigos a los que estimo, piensan diferente a nosotros, no hay problema, eso no nos divide, ni confronta, nada más en las ideas, lo cual sin duda es muy sano. Me llaman la atención sus argumentos, no son más que los mismos que de manera reiterada maneja la derecha, y los nuestros, seguramente los que usan los defensores del cambio.

Hace poco, en un intercambio de opiniones en un programa de análisis al que fui invitado, me decía uno de los participantes que yo defendía al presidente López Obrador. Eso permitió aclarar mi posición, la cual comparto.

A nosotros el presidente nos vale, incluso creo que su estilo de gobernar es un tanto frívolo, quizá sea cierto que muchas veces tira anzuelos distractores, si prenden, no es su culpa, sino de quienes se van con la finta y le dan juego. En lo que coincido, es con el proyecto de la cuarta transformación.

Tengo más de cuarenta años en la lucha democrática, haciendo desde diferentes espacios mi trinchera. Participé en su tiempo en la actividad política estudiantil, también en el movimiento cultural. Muchos años en la izquierda y en el sindicalismo universitario.

Luego, en los medios de comunicación, en los que no dejé de expresar mis puntos de vista, y a decir verdad, cuidando la sensatez que me obligaba el respeto de las empresas que me abrieron las puertas, incluso, desde mi responsabilidad como comunicador institucional; contaré una anécdota. 

Siendo alcalde el hoy diputado federal Ismael Hernández Deras, yo era responsable de la difusión de las acciones de gobierno en radio. Estábamos en la cierra, en la región de Regocijo, nos encaminábamos a comer esas ricas gorditas que hacen en las comunidades rurales. Nos manteníamos a cierta distancia del alcalde y sus acompañantes. Vi que el alcalde se me quedó viendo, y dije, “chin ya hay pedo”, y efectivamente, se me acercó y me dijo

-Oiga, usted es rojillo verdad.

-Si señor.

– Y qué hace aquí.

– Ganándome la vida señor, se nos cayó el muro de Berlín

Se escuchó una risa generalizada, él no se rio, pero vimos en su cara que festejó la respuesta. Es de señalar que en ese tiempo escribía columna para el periódico “El Sol de Durango”, la hacía con mi misma línea, jamás tuve un reclamo o una observación.

Con esto diré que me identifico con la 4T, porque siempre he creído que el país necesitaba un cambio de modelo, quizá como lo propone López Obrador es insuficiente, pero puede ser la transición a un cambio más profundo.

Me argumentan que López Obrador solo divide a los mexicanos, lo cual es un argumento muy peregrino, desde que existen las ciudades estado, mínimamente, han estado divididas en bandos, y, tal vez desde que existe la humanidad. Hay a división en las familias, en las iglesias, en el arte y la cultura, en el ejercicio de gobernar. Las divisiones son saludables porque son las que generan las contradicciones que se traducen en el movimiento que transforma (dialéctica social).

Mis amigos conservadores, aseguran que el presidente genera “Odio”, así nomás, no dicen quien odia a quien. El odio trae en el ser humano una respuesta violenta contra el odiado, hasta hoy, no vemos que hay enfrentamientos sociales en donde se maten, se golpeen, se lesionen ciudadanos contra ciudadanos (no confundir con la violencia delictiva). Eso sí, en la sociedad hay mucho resentimiento contra los que ordenaron la violencia contra campesinos, maestros, ecologistas, defensores de derechos humanos y periodistas. O no.

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